Francisco Muro de Iscar – Rescatar a las personas.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

El «¡Pobre de mí!» no es el grito pamplonica del final de los Sanfermines sino el de todos los ciudadanos asfixiados por las medidas contra la crisis. Ahora sí han llegado los recortes duros, que seguramente no sean los últimos. Pero este no es un problema de ciudadanos buenos contra políticos malos, por más que los que nos dirigen hayan perdido paso a paso su credibilidad y estén en una situación de difícil recuperación. Son un problema y no una solución, como opina una mayoría social.

Durante años, algunos han venido interpelando a los políticos para pedirles que se enfrentaran juntos a la crisis y les han reclamado pactos de Estado para arreglar la economía, la educación, la justicia, la sanidad. Pactos para la estabilidad, para impedir el derroche, para evitar los cambios sectarios cada vez que cambia el poder. Y los políticos han mirado hacia otro lado, han evitado cualquier acuerdo, han boicoteado incipientes propuestas sociales y han desamortizado la sociedad civil porque ponía en riesgo sus privilegios y su poder. En ese mismo lugar están las oposiciones de distinto color y signo y los sindicatos y la patronal que, desde una demagogia irresponsable, se han venido negando a que se tomaran medidas o han hecho que fuera imposible tomarlas. Ahora todo está en riesgo.

Pero esos ciudadanos que criticamos todo en el café o en tertulias con amigos, hemos -han- seguido votando -en lugar de botando- a los corruptos, a los mentirosos, a los despilfarradores, a los que gobernaron de espaldas a la realidad, a los que nos han llevado a la ruina por ineficaces o por ineptos… Millones de ciudadanos han desconectado de la política y se han dedicado durante estos años a vivir lo mejor posible. Sin más preocupación. Y ahora tenemos lo que hemos cosechado. Por ejemplo, once millones de personas bajo el umbral de la pobreza, cuatro de ellos sin un techo digno. O cuatrocientas mil ejecuciones hipotecarias desde 2007. Ni los ciudadanos tuvieron comportamientos responsables ni los políticos cumplieron su deber. ¿Y no se imaginaban lo que podía pasar? ¿No se pudo hacer más? ¿No son, no somos, responsables de nada?

Algo tendremos que hacer diferente los políticos y los ciudadanos para evitar que esta crisis se cebe aún más con las personas, con los que menos tienen, con sus derechos, con la cohesión social. ¿Hasta dónde tienen que llegar los sacrificios de todos? ¿Y para qué? Porque, al margen del empobrecimiento creciente, nadie vislumbra cuál es el horizonte. Vuelve a ser indispensable la negociación, el pacto, el acuerdo, la responsabilidad de los políticos… y también la moral de cada ciudadano. Aquí nos salvamos todos o nos vamos al garete todos. Si los que mandan no saben lo que hay que hacer, que se vayan y dejen a otros. O que se unan para trabajar juntos. Sin soberbia, con humildad. A quien hay que rescatar es a las personas.

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