Antonio Casado – Matemáticas y política.


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

En un Congreso blindado policialmente (¿presagio de «incendio social»?) se esperaba un nuevo cruce parlamentario Rajoy-Rubalcaba con ocasión del debate del jueves, previo a la convalidación del decreto que pone en marcha un durísimo plan de estabilización para los dos años y medio próximos. No hubo tal. La defensa de esta cuarta oleada de recortes estuvo a cargo del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, mientras el presidente del Gobierno seguía desde un despacho lo que iba ocurriendo en el hemiciclo. Con todo el respeto para el ministro, que cumplió con su deber, el debate quedó devaluado. Se notó incluso en una mayor proporción de escaños vacíos, a pesar de ventilarse asuntos de mayor cuantía. Los distintos portavoces se opusieron y el PP se quedó solo en la defensa del plan fletado por el Consejo de Ministros hace una semana.

Significativa fue la intervención del portavoz del principal grupo de la oposición. Rubalcaba trasladó su clara discrepancia a un plan que considera injusto, ineficaz e incompatible con la paz social. Según él, estamos ante un recorte brutal que condena a la pobreza a millones de españoles y será una máquina de hacer parados, según esta secuencia: «Más ajustes es más recesión, más recesión es más desempleo, y más desempleo es más sufrimiento. Nada de eso nos va a sacar de la crisis».

Constatamos, pues, el endurecimiento de la posición socialista frente a los planes del Gobierno para salir del agujero. Cuando el presidente expuso hace diez días en el Congreso las medidas de ajuste que se proponía adoptar el tono de Rubalcaba fue bastante más suave. Ofreció un pacto de Estado y arrancó de Rajoy una sorprendente afirmación: «Estamos sustancialmente de acuerdo». Pero después se produjo una corriente de opinión interna en el PSOE que ha obligado a Rubalcaba a marcar más las diferencias con el Gobierno del PP.

Es una mala noticia. Los españoles siguen echando de menos una remada en común de las dos grandes formaciones sobre las que descansa el sistema de representación: el centro derecha (PP) y el centro izquierda (PSOE). La tendencia del que gobierna es a esperar la adhesión del otro. Pero eso no puede ser así. La clave es el consenso.

Y desde el consenso y la voluntad de marchar en la misma dirección hacia la salida del túnel es perfectamente posible articular un conjunto de medidas coherentes con el ideario de ambos. Por un lado, la política de rigor que viene defendiendo el Gobierno en nombre de la austeridad. Por otro, las políticas de estímulo de la economía por las que apuestan los socialistas en sintonía con sus colegas franceses y las sugerencias que de vez en cuanto hace el presidente Obama.

Ya sabemos que la mayoría absoluta de la que goza el PP no tiene necesidad de buscarse costaleros parlamentarios para su agenda reformista. Pero esto no va de matemáticas sino de política ajustada no a la ideología (en eso tenía razón Montoro) sino a la dura realidad de un momento crítico.

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