Fermín Bocos – El camino más corto.


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

La disminución de la prestación por desempleo, la subida del IVA, la reducción de las ayudas a la dependencia y las quitas de sueldo a los funcionarios han sido el detonante que ha sacado a la calle a miles de españoles en respuesta no tanto a la convocatoria de los diferentes sindicatos (algunos bastante menguados de credibilidad), como por estar muy extendida la idea de que el ajuste que impone el Gobierno recae sobre las espaldas de quienes ni son ni se sienten responsables de la crisis. Esta percepción del problema es, a mi modo de ver, esencial para entender el por qué entre los millares de manifestantes que el jueves ocuparon el centro de más de medio centenar de ciudades españolas, había muchos ciudadanos -sobre todo entre los colectivos de funcionarios- que en las pasadas elecciones votaron al Partido Popular. Claro que el programa con el que Mariano Rajoy se presentó el pasado mes de noviembre a los comicios nada decía de todos estos recortes o subidas de impuestos. Más aún, criticaba -y con argumentos de peso- los ajustes decretados por el entonces presidente Rodríguez Zapatero.

Es sabido que el equipo económico del último gabinete socialistas (con la vicepresidenta Elena Salgado a la cabeza) trampeó las cifras del déficit «omitiendo» casi tres puntos de déficit. Aquél engaño, que ya ha sido convenientemente aireado y criticado, no se puede convertir en argumento exculpatorio perenne; en mantra o jaculatoria de obligado recital para justificar nuevos y más desproporcionados recortes de derechos o prestaciones tenidas hasta ahora por intocables por ser pilares del Estado del bienestar. Sería el caso, de la reducción de la prestación por desempleo. Un ajuste tan descomunal abre las puertas que conducen a una sociedad dual, a una sociedad con un amplísimo porcentaje de ciudadanos a quienes se les condena a la pobreza y a la exclusión.

En términos morales, es inaceptable; en términos políticos: un error mayúsculo. ¿Por qué? Pues porque es el camino más corto para acabar con la paz social, base irrenunciable de la convivencia y plataforma indispensable para salir de la recesión y crear empleo. Lo de menos es que se lo pida toda la oposición, lo importante es que sería de justicia que el Gobierno reconsiderara o suavizara alguna de las medidas que para cientos de miles de españoles son injustas e insoportables. Se suele decir que rectificar es cosa de sabios.

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