De veraneo – Sanidad elimina vacunas pero paga los abortos.


Desde la llegada del Partido Popular al Gobierno, casi todos los esfuerzos se centran en la economía. La prima de riesgo, el Ibex, el FMI, el BCE, los hombres de negro, el objetivo de déficit, el rescate o la recapitalización bancaria son conceptos con los que incluso el ciudadano no adicto a la prensa económica se ha ido familiarizando de tanto oírlo a diario y a todas horas. La palabra “recortes” reverbera en nuestros tímpanos incluso mientras soñamos, y si salimos a la calle a hacer un sondeo sobre los ministros, seguro que De Guindos y Montoro son los más conocidos –por sus recortes—, seguidos de Báñez por su reforma laboral –también cosa económica—y de Mato, ídem, por sus copagos y desastrosa política sanitaria, amén de su sosera y artrosis verbal a la hora de verbalizar una simple frase de sujeto, verbo y complemento. No sé si como dicen los agoreros “estos acabarán cargándose el sistema de salud”, de los mejores del mundo –frase cacareada por izquierdas y derechas—, pero algo herido sí que está. Y volvemos a lo de siempre: la pésima gestión de los últimos años, el derroche a troche y moche y, sobre todo, las competencias autonómicas en esta materia. Pero el Gobierno del PP no está por la labor de las reformas con sentido de Estado y se conforma con un simple trasquilado, eso sí, a la lana de los usuarios, es decir, penalizando la enfermedad y la vejez. No pretendo ahora profundizar en ello. Hoy quiero recordarle al Gobierno una promesa electoral y un añadido del ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, sobre un tema mucho más trascendente que el económico, aunque en nuestra moderna y –hasta ahora opulenta— sociedad lo más importante sea nuestra cuenta corriente, y la adoración al dios Mammon nuestra religión oficial.

En campaña, aunque les costó, varios miembros del PP manifestaron públicamente su pretensión de derogar la ley del aborto de Zapatero-Aído; una ley, regalo de los socialistas a los aborteros de las clínicas abortistas ACAI –para darles seguridad jurídica—, a la que pertenecen Barambio y otros genios del manejo del bisturí y la cureta para matar niños en el santuario materno. Una ley que, de facto, legaliza el infanticidio. Una ley a la medida de la IPPF –la mayor promotora de abortos del mundo—y de las feministas de género españolas criadas a la sombra de las ideólogas Bella Abzug, Kate Millet, Germaine Greer y Shulamith Firestone. Trampa mortal para la dignidad de la vida en forma de caballo de Troya de los nuevos derechos.

Mariano Rajoy prometió proteger la vida humana. Y Gallardón, en el Congreso de los Diputados, haciendo gala de una valentía que echábamos de menos y alabamos, señaló que el aborto había que contemplarlo como una forma de violencia estructural contra las mujeres. ¡Bien por el Ministro!, y lo animamos a no dejarse amedrentar por las feministas radicales que imponen su ideología totalitaria sobre la laxitud e indiferencia de los buenos. Conviene recordarle al Gobierno que debe su mayoría absoluta a la confianza y a la esperanza que supo infundir en su electorado, para sacar a España de la crisis. Pero no nos equivoquemos; más allá de lo económico, la derecha siempre fue baluarte contra el relativismo y los antivalores que atentan contra la vida. Es cierto que la nueva derecha, siempre a la búsqueda de redenciones y perdones por ser lo que es y representa, es más anodina e inane, y cada vez se aleja más del arquetipo. Lo cierto es que, siete meses después del cambio, en España se siguen practicando abortos; una media de 12 cada hora, es decir, 300 diarios, 9.000 al mes, que multiplicando nos da la escalofriante cifra de 63.000 bebés en gestación que han sido arrancados de los vientres de sus madres y arrojados a trituradoras ad hoc –hay que recordar las del abortero Morín— o a los contendores de basura –sumario del caso Isadora—, con el Gobierno del Partido Popular. ¿A qué esperan para derogar la ley que ha transformado un delito en un derecho? La Constitución española y el Tribunal Constitucional señalan que la vida del nasciturus es un bien jurídico a proteger. Ya es hora de que se derogue esta ley injusta que atenta contra el ser humano en su etapa vital más indefensa. Es una promesa electoral y debe ser cumplida, y aquí no caben excusas, como la del desconocimiento de las cuentas del Estado, por ejemplo. Ya es hora de abordar la redacción de una ley que proteja la vida humana y la maternidad.

Es paradójico que en esta etapa de crisis, en la que miles de empresas se ven abocadas al cierre, las clínicas abortistas sigan engrosando sus cuentas corrientes a costa de la sangre de los nascituri y del dinero de nuestros impuestos. Sí, han leído bien: nuestros sacrificios de IRPF, IVA, la paga extra no cobrada y demás hachazos, servirá para pagar estas intervenciones de muerte, que solo cabe analizarlas bajo la clave de rituales satánicos. Y mientras nuestros mayores deben pagarse el material ortopédico y otras prestaciones de primera necesidad, como la ambulancia para ir a la sesión de quimioterapia, en algunas comunidades autónomas –entre ellas Madrid—, se ha dejado de vacunar a los niños contra el neumococo –para ahorrar—, y en cambio se paga a las clínicas para que realicen abortos gratis. Más allá de cuestiones morales y/o religiosas, cada vida eliminada nos cuesta a los contribuyentes entre 400 y 600 euros. Es una inmoralidad y una desvergüenza de nuestros políticos. Por eso, desde este rincón tan pequeño, pero tan visible, le pido al Gobierno del PP valentía para cumplir esta promesa electoral, que será un bien para todos.

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
✉ periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
(20/07/2012)
.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído