Luis del Val – Triste y, además, innecesario


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Una inmensa mayoría de españoles nos hemos enterado de que el Rey Juan Carlos I era presidente de honor de Adena (hoy WWF) cuando la asociación ha publicitado la desposesión de la tal presidencia de honor.

Ha escrito Joaquín Araujo que ha sido una medida triste, pero necesaria. Triste lo es desde luego, y, además, absolutamente innecesaria. Admiro a Joaquín Araujo, hemos coincidido en algunas mesas y actos en defensa de la biodiversidad, le tengo admiración, pero no puedo estar más en desacuerdo con esta grosería que Araujo avala porque ha sido pedida por una mayoría de los socios de Adena (hoy WWF). Pues mucho peor, porque ignoraba que había tantos groseros componiendo la base social de Adena.

Las presidencias de honor dan honor a la institución que las pide, no al Rey. Y hay un filtro muy exigente que tuve ocasión de comprobar cuando, formando parte de una entidad altruista, que en lugar de defender las condiciones de vida del buitre leonado se preocupaba por las condiciones de vida de niños pertenecientes la especie humana, nos dirigimos a la Casa Real para solicitar la presidencia de honor con resultado negativo. Hay un filtro muy exigente, que Adena consiguió pasar, y que logró, sobre todo en los primeros pasos, una excelente carta de presentación, porque no es lo mismo ir de parte del ciudadano Araujo, que hacerlo de parte del Rey de España. La manera de corresponder de Adena (hoy WWF) con esta especie de regüeldo societario, no deja de sorprenderme.

El refugio es que el Rey cazó un elefante. Bueno, cuando le suplicaron la presidencia de honor el Rey ya había cazado gamos, osos, elefantes, e incluso tiburones. Y Araujo y sus mariachis lo sabían. Lo de que es una especie protegida lo sabe el Rey, como lo saben los asturianos y leoneses, cuando les piden que cacen lobos (especie protegida) porque hay muchos. Y en ese país donde cazó legalmente, los elefantes, que viven en un hábitat que se jodería si hubiera demasiados, sirven, entre otras cosas, para que los niños de ese país tengan algo que comer, mucho menos de lo que necesitarían, aunque supongo que a esos socios fundamentalista de Adena (hoy WWF) les importe menos que las condiciones de vida del sapo cancionero, que ni siquiera existe.

Nos estamos poniendo estupendos. Los cocineros buscan nitrógeno para hacer comida; los artistas un alambre que torcer para que se vea que no nos hemos quedado en Fidias o Polikléitos, y los forofos de la biodiversidad se la cogen con papel de fumar y cometen una grosería tan gratuita e innecesaria como realmente triste, sobre todo para el porcentaje razonable que hay en cualquier colectivo, por estupendo que se ponga.

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