Carlos Carnicero – Los que le llamábamos don Gregorio.


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

España ha establecido el tuteo como forma de comunicación y solo respeta algunos casos emblemáticos. A Gregorio Peces Barba siempre se le llamó don Gregorio; incluso cuando era muy joven. Era un intelectual de amplio humanismo progresista. Siempre se negó a ser orgánico porque nunca se dejó seducir por los poderosos. No era intelectual de conveniencia, sino de convicciones expresadas, muchas veces, contra la corriente y en la soledad de su pensamiento. Era intelectualmente honesto y humanamente cabal.

Ahora que todo es un erial conquistado por pensadores de lo conveniente, la ausencia de don Gregorio, que no de su obra, nos produce una enorme orfandad.

Conocí a Don Gregorio en el Madrid de los cincuenta. Y he tenido con él una concurrencia intermitente, siempre llena de admiración.

Ya era un personaje con mucho peso político en el PSOE recién reconstituido. Asistente a las reuniones de la oposición como otro desaparecido en su discrepancia, Enrique Múgica, se enfrentó con decisión al franquismo cuando andaban en pañales los más viejos de la actual ejecutiva socialista. Y no se dejó abducir por la oligarquía de su partido. Para no entregarse, abandonó la vida partidaria pero nunca sus convicciones socialistas.

Redactó la Constitución con sabiduría, generosidad e inteligencia, haciendo encaje de bolillos entre lo soñado y lo posible. Quienes denigran la transición traicionan también la memoria de don Gregorio. Pura ignorancia.

Quienes alaban su trayectoria, haciendo hincapié en las diferencias ideológicas, presumen de una generosidad de la que carecen, porque los grandes intelectuales lo son aunque se discrepe de ellos; es cosa ruin señalar la discrepancia para disminuir la admiración.

Don Gregorio tenía el corazón herido por mil batallas. Me lo imagino asfixiado por esta crisis, que le disminuyó la capacidad cardiovascular como a todos nos disminuye el futuro. Estoy seguro de que se ha querido morir para no tener que asistir a esta feria de la mediocridad en la que los filósofos se hacen economistas para encontrar un chaleco salvavidas. Don Gregorio siempre nado sin flotador porque estaba dispuesto siempre a luchar contra la corriente. Nos ha dejado muy solos sin que se conozcan posibilidad de relevo.

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