Francisco Muro de Iscar – El invierno de Rajoy


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Telefónica elimina el dividendo y deja a la intemperie a muchos accionistas, aunque refuerce su balance; De Guindos pide ayuda a media Europa mientras se especula con la crisis de Gobierno y el nombramiento de Josep Piqué en su lugar; Garzón se hace cargo como abogado de la defensa de Julián Assange, casi el mismo día en que tumban, otra vez más, uno de los sumarios que instruyó como juez; Oriol Pujol, el superhijo del president, se enfrenta a acusaciones de corrupción; Carlos Divar reclama una pensión de 200.000 euros y su sucesor dice que ni siquiera es discutible negársela; Artur Más pide un préstamo sin condiciones al Estado español, «el único banco que nos fía», y al mismo tiempo le exige la autonomía fiscal para una Cataluña casi en quiebra; el PSOE (el PSC) juega a una cosa en Cataluña y a otra en el resto de España; Rato dice que tenía un plan para Bankia que nos hubiera costado cuatro veces menos a los españoles, que es otra bofetada a De Guindos; Fernández Ordóñez, el exgobernador del Banco de España que no se enteró de la crisis bancaria, pone a bajar de un burro a Rajoy y a De Guindos y se autoexculpa de cualquier responsabilidad. Hasta Angel de Barutell, uno de los grandes de la comunicación, la eficacia periodística cargada de modestia e inteligencia, deja El Corte Inglés. Ya nada es lo que era. Esto más que agosto, parece pleno diciembre.

Hay muchas preguntas: ¿Aguantará Rajoy hasta final de año? ¿Cuántos países quiere Alemania que sigan en el euro? ¿Hay vida fuera del euro? ¿Hemos tocado fondo en la economía o nos queda todavía un largo descenso hasta los infiernos? ¿Somos conscientes, lo son nuestros dirigentes, del mal funcionamiento de nuestras instituciones, de sus ineficacias, de su coste, de su deterioro? ¿Puede avanzar un país en el que los que gobiernan no saben lo que hacer, los que se oponen pagarían por seguir mucho tiempo en la oposición y los que deberían unirse para salir del agujero están pensando en la oportunidad de romper con el Estado?

En el fondo, solo hay una pregunta: ¿qué España queremos y qué estamos dispuestos a hacer para alcanzar esa meta? En la economía, en el modelo productivo, en la organización del Estado, en la competitividad, en la educación, en la investigación, en la solidaridad con los más débiles, en la confianza, en la credibilidad* nos lo jugamos todo. Si España pierde más crédito, y no nos queda mucho que perder, tendremos un mal futuro todos. Edmund Burke, un político irlandés decía que «ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto; ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza; ningún grupo puede actuar con confianza si no se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes, intereses comunes». Algunos parece que no valoran lo que ha costado esta democracia tan frágil.

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