Rosa Villacastín – El Abanico – Con la muerte de Peces-Barba se acaba una manera de hacer política.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Que la muerte de Gregorio Peces-Barba coincida con la amenaza de un posible rescate de nuestra económica es pura casualidad. Nadie podía prever, ni sus íntimos, que quien fuera uno de los padres de la Constitución pudiera desaparecer precisamente en unos momentos en que se están cuestionando algunos pilares de nuestra joven democracia, como es el Estado de las Autonomías o del bienestar, que el expresidente del Congreso de los Diputados defendió a capa y espada, aún a sabiendas de que muchos de nuestros males actuales tienen su origen en la mala gestión política y económica de quiénes tenían la obligación de velar por la salud de un país tan dado a los excesos pero capaz de salir adelante si quienes se lo piden, si quienes van al mando de la nave, supieran a donde conducirnos.

Con Peces-Barba, Manuel Fraga y Solé Tura se acaba una forma de hacer política o de entender la política como un bien de servicio público. Porque independientemente de la ideología de cada uno de ellos, todos supieron despojarse de muchos de sus propios postulados, en un intento por hacer de España un país más moderno, más libre, y por supuesto más democrático. Prueba de ello es cómo entre todos fueron tejiendo los artículos de una Constitución que tan buenos resultados nos ha dado desde su aprobación en 1978. Algo que han puesto de manifiesto políticos de la talla de un Pérez Llorca, Herrero de Miñón y Roca, quienes no han escatimado elogios hacía un hombre que era todo bondad y sabiduría, pero al que también se vapuleó sin piedad por quiénes viven envueltos en la bandera de la intransigencia.

Hace falta mucha generosidad y un gran sentido de Estado para conseguir lo que consiguieron los políticos de la transición. De ahí que seamos muchos los que pensamos si no sería bueno desempolvar algunos de sus discursos, de sus acuerdos, de sus consensos, de sus logros y de su política, para intentar entre todos, sin exclusión de nadie, superar un momento tan crítico y desalentador como el que estamos viviendo , y que amenaza con convertirse en un tsunami de incalculables consecuencias.

No estoy convencida de que de los errores se aprenda, pero si alguna lección se puede sacar de lo que esta ocurriendo es la escasa capacidad de nuestros políticos para consensuar un proyecto de país que nos permita atisbar un poco, solo un poco de esperanza en el futuro. Claro que para eso tendrían que ponerse en la piel de quienes están sufriendo atrozmente los rigores de una crisis que ellos no han propiciado, pero que son por esas carambolas de la economía y de la política, a los que más están afectando los recortes de Rajoy.

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