Francisco Muro de Iscar – La vergüenza/tragedia de Siria.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Los que no tienen hambre, los que despilfarran, los que deciden cómo se producen y se reparten los alimentos nunca acabarán con el hambre en el mundo porque no les interesa. Los que viven del conflicto, los que fabrican armas para venderlas, nunca acabarán con las guerras que les hacen más ricos y más poderosos. «Los ricos y poderosos nunca aceptarán las reglas de mercado para ellos mismos de forma total porque, en todo esto, el mayor interés consiste en minar la idea de solidaridad», dice Noam Chomsky.

Siria se desangra bajo la dictadura del dirigente que está ordenando asesinar a los suyos, absolutamente indefensos, y Occidente no actúa. Las tropas del dictador están disparando sobre los niños a menos de un metro y Occidente, la civilización democrática, se esconde entre palabras que no sirven para nada. Miles de ciudadanos sirios inocentes -18.000 al menos desde el inicio de las revueltas en marzo de 2011- han caído bajo las balas de un dictador sanguinario y los países libres, la ONU, la OTAN, la Unión Europea, los gobiernos de todo el mundo no hacen nada. Siria no es Irak ni Libia ni la antigua Yugoslavia. Siria es simplemente un holocausto consentido por los civilizados gobernantes de todos los países democráticos, con el silencio culpable de los intelectuales de verdad y los de ocasión, sin que haya protestas en la calle ni ante las embajadas del Reino de Siria, sin que nadie mueva un dedo por las víctimas. ¿Nadie siente vergüenza?

El desinterés real de unos países, las declaraciones vacías de contenido de otros, el veto de algunos, como Rusia, para que nadie ponga fin a la matanza son cómplices de las muertes de inocentes que se producen cada día en Siria. Las atrocidades que se cuentan en los periódicos y que vemos en la televisión, la desigual batalla entre las bombas y los tanques de Bachar el Assad y las de quienes le combaten, sin que nadie ponga fin a esta matanza, dicen mucho de lo que es hoy la comunidad internacional, asentada sobre la injusticia en este y en otros muchos territorios. No solo se permite que millones de hombres mujeres y niños mueran cada día de hambre, también tolera que sean asesinados sin defensa posible.

Esta crisis profunda que afecta a Europa y a Estados Unidos -donde a pesar de todo aún se vive infinitamente mejor que en la mayor parte de los lugares del mundo que «no padecen» esta amenaza y tenemos derechos que otros ni imaginan- no es sólo una crisis económica, lo es mucho más de valores. Por eso vuelve a tener razón Chomsky cuando añade que «la preocupación por el otro es hoy la más profunda y revolucionaria idea». Y, sin duda, seguramente la menos practicada por los poderosos. En Siria, sin duda, pero también en muchos lugares más cercanos a nosotros.

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