Antonio Casado – El malestar.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

A las puertas del mes de agosto la España oficial no está para pensar en las vacaciones. Y mucho menos la España real. Con el Gobierno desbordado por los acontecimientos y una ciudadanía perpleja y distanciada de su clase dirigente, vivimos una incómoda sensación colectiva de apagón inminente. Como si de un momento a otro hubiese que desmontar el andamiaje político y económico de la España fundada en 1978 al calor de la Democracia felizmente recuperada.

Incómoda sensación que se alimenta diariamente de las malas noticias relacionadas con la crisis económica y, de modo especial, con la evolución de las dos constantes vitales que nos quitan el sueño: el paro, como exponente del malestar social, y la prima de riesgo, como indicador de la penosa imagen de la economía española en Europa y en el mundo. Todo ello, en el marco de una política económica atrapada en el círculo vicioso que se abre con recortes en nombre de la austeridad y se cierra sobre si mismo con recesión a causa de la austeridad. En ese ámbito nos sobrevuelan a diario las sombras negras de la quiebra, el rescate, la intervención o la salida del club del euro. En el mejor de los casos, una larga temporada de país entrampado que sacrifica su bienestar al pago de sus deudas al hilo de la doctrina oficial vigente, según la cual si no se reduce el volumen de la deuda no habrá forma de crecer, frente a quienes creen que sin crecer no habrá forma de reducir el volumen de la deuda.

No pintan mejor las cosas en el ámbito social. Los ciudadanos viven convencidos de estar pagando una crisis económica causada por políticos y banqueros. Que los recortes y las llamadas políticas de ajuste no hayan reclamado especiales sacrificios de la clase dirigente y los responsables del sector financiero es uno de los motivos del creciente malestar, lo cual nos pone en la pista de los indeseables efectos de la crisis económica sobre el ámbito político.

El más visible, y probablemente el más desalentador para el futuro del régimen democrático, es la escandalosa falta de líderes que denuncian las encuestas. La última conocida, del instituto Metroscopia, nos decía este domingo que el 80 por ciento de los ciudadanos tiene «poca» o «ninguna» confianza en el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Pero no es menos revelador ese 86 por ciento que responde al mismo epígrafe del sondeo en relación con el líder del PSOE, Pérez Rubalcaba.

Malas noticias para los dos primeros actores. Igual de malas que para las fuerzas políticas que representan. Solo la mitad de los votantes del PP en noviembre estarían dispuestos a repetir. Nada menos que 13 puntos perdió este partido desde entonces. Se ha desvanecido la esperanza que suscitó cuando llegó al poder. Lo malo es que ahora no existe una esperanza similar. El PSOE también ha seguido retrocediendo en el ya escaso favor de los electores que tuvo en las elecciones generales. Y si no se reinventa sobre coordenadas distintas la caída en picado del PP va camino de convertirse en un factor de riesgo para la Democracia.

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