De veraneo – Del desgaste de patio de Gila al «tupper» de la Generalitat.


A mí me encanta Gila. Cuando era pequeña lo oían mis padres en la radio. Yo no entendía nada pero me divertía ver cómo se desternillaban de risa. Luego, de mayor, lo redescubrí y me hice tan fan de su humor, que de tanto oír sus cintas, sé casi de memoria todas sus crónicas de guerra y asuntos domésticos. Gila era un filósofo de la vida española de posguerra, un genio del humor capaz de hacernos reír de nuestras propias miserias a través de historietas entre lo surrealista y lo real. Pero esta España sigue teniendo ramalazos dignos de los monólogos de Gila, o al menos ese rincón del noreste, entre el mar y la montaña, llamado Cataluña, que se cree lo más de lo más. Si hace dos días nos pusimos colorados de vergüenza ajena porque en la histórica nacionalidad han tenido la ocurrencia de arremeter contra los viejos, no pagando el concierto a los geriátricos, dejándolos a merced de la disposición del centro a cumplir con su obligación humanitaria a pesar de la dificultad económica, la región de las embajadas y del tres por ciento y más cosas, que ahora ante su ruina pide auxilio al Estado al que no quiere pertenecer y contra el que hace referendos los fines de semana para azuzar a los andaluces que viven en sus ciudades dormitorio, lanza el dardo hacia los escolares de menos recursos.

La noticia surrealista de hoy es que la Generalitat cobrará tres euros a los niños que lleven tupper al centro escolar. Viene esto porque varias asociaciones de padres, debido a la crisis económica, han contemplado que sus hijos lleven la comida de casa, con lo cual podrían ahorrarse el coste del menú, que oscila entre cinco y seis euros. De entrada no estoy de acuerdo con el enfoque porque podría abrir una brecha entre los niños pudientes que comen en el comedor y los pobres del tupper. Los sambenitos nunca son buenos, y menos en el mundo infantil en el que lo simbólico ocupa una dimensión importante. Pero opiniones aparte, lo cierto es que la “operación fiambrera” fue aprobada por el departamento de Enseñanza de la Generalitat, y a partir de este curso los chicos podrán optar por esta alternativa al comedor escolar. Pero el ahorro de las familias no será tanto, como se puede colegir de este titular: “Cataluña cobrará tres euros al día a los niños que lleven tupper al colegio”. Surrealista. El cobro es por utilizar las instalaciones. Es esto lo que me ha hecho volar al universo “giliano”. En uno de sus monólogos en el que hacía de padre de familia, echaba chispas contra la escuela por el monto de la factura. Entre otros conceptos, le cobraban por “desgaste de patio”. En su impotente reflexión decía el paciente padre que a él también se le gastaba el niño. Chascarrillos aparte, lo de la Generalitat es humor negro puro, impresentable. Casi tanto como lo de los viejos. ¡Quo vadis, Cataluña!

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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(02/08/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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