Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – Y después de las olimpiadas, ¿qué?


Claro que me encuentro entre los que piensan que un gran país, además de por las cifras macro y microeconómicas, además de por sus monumentos y su porcentaje de universitarios, además de por el número de sus premios Nobel, es eso, grande, también por sus éxitos deportivos. Faltaría más.

Por eso mismo me he quedado un poco atónito ante la aparente falta de apoyo oficial, cifrado en presencias de autoridades, dado a nuestros deportistas olímpicos, que, al final, han hecho un papel mejor del que de ellos se esperaba, aunque haya sido en deportes de escaso tirón popular. Ahora todas esas autoridades que brillaron por su escasa presencia en los estadios británicos, sacarán pecho y recibirán a los galardonados con medallas, compartiendo así foto con los triunfadores. Que ya se sabe que la «photo opportunity» ayuda a ganar elecciones, según repiten los máximos «medallistas» en esta materia, los norteamericanos, que este verano prosiguen una campaña que culminará en noviembre, dicen por ahora las encuestas, con la reelección de Obama.

Pero, claro, ni los avatares de la campaña estadounidense, en la que, sin embargo, tanto nos va, ni siquiera los Juegos Olímpicos (y mira que a nuestro presidente del Gobierno le gusta el deporte, al menos como espectador), captan ahora la atención de una clase política absorta en el misterio insondable de cuándo llegará un nuevo «diktat» procedente de la UE o de alguna de sus ramificaciones, y qué alcance tendrá esa nueva «recomendación/mandato». Créame usted, amable lector, que no envidio nada las (por otra parte, merecidas) vacaciones herméticas de un Rajoy que está, dicen, pasando por los peores momentos de su vida, ni las de unos ministros que andan como desaparecidos, si no es por la excepción de alguna comparecencia en un palco lejano, acompañando al Rey en una corrida de toros gaditana.

El Gobierno ni tiene casi nada que decir, ni casi nada que aventar, y mira que están pasando cosas. Y eso, ya lo hemos dicho, es malo, porque los titulares se llenan de sanchezgordillos, de marinaledas, de saqueos a supermercados y ocupaciones de fincas y de martingaritanos con la cara dura de pedir «humanidad» al Gobierno para con el inhumano carcelero de Ortega Lara. Creo, en suma, que el Ejecutivo no debería estar tan ausente, así, en bloque, durante la mitad de un mes de agosto que, si no fuese por el calor, por los incendios que nadie apaga en febrero y por la masificación costera, casi no parecería un mes de agosto de verdadera liberación vacacional.

Por eso cabe preguntarse qué ocurrirá después de las olimpiadas, cuando arrecien las reclamaciones sobre esos 400 euros de la prolongación del subsidio del paro, cuestión acerca de la cual nadie, si exceptuamos unas ambiguas declaraciones del portavoz parlamentario del PP Alfonso Alonso, ha dicho cosa concluyente, y eso que el plazo prescribe este miércoles. O cuando se ennegrezca (más aún) el panorama ante un otoño casi inevitablemente caliente, por mucho que los sindicatos vayan a esforzarse para que no sea, al menos, tórrido.

Pero, claro, no parece haber nadie a quien preguntar sobre tales asuntos, porque la cabina de guardia parece haber estado vacía, al menos hasta este lunes. Me dicen, eso sí, que los teléfonos están al rojo vivo, pero los simples mortales no podemos establecer nuestra confianza en base a lo que se digan los ministros y el presidente entre sí, o en base a lo que estén hablando Rajoy y Rubalcaba, que no creo que hayan, menos mal, cortado sus lazos este mes de agosto en el que parece que no pasa casi nada excepto que el medallero olímpico ha crecido más de lo previsto. Pero pienso que, en lo subterráneo, sí que están pasando otras cosas, que deben ser las que están copando el tiempo de todas esas llamadas por los teléfonos rojos que impiden que Rajoy, los ministros y el líder de la oposición, al menos, puedan disfrutar plenamente de su veraneo.

Pues, para eso, haber ido a Londres a animar a nuestros chicos y chicas compitiendo por un metal, hombre.

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