José Luis Gómez – A vueltas con España – Menos soberanía en plena crisis.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Bankia necesitará unos 20.000 millones, CatalunyaCaixa requerirá entre 6.000 y 8.000 millones y Novagalicia (que lleva consigo su filial Banco Gallego) aguarda otros 6.000 millones, el doble de lo que habrá que aportarle al Banco de Valencia, cuya ficha barajan algunos como potencial «banco malo». El Ministerio de Economía y el Banco de España están a la espera de recibir las evaluaciones ajustadas de las consultoras Roland Berger y Oliver Wyman, en colaboración con las cuatro grandes auditoras, Deloitte, Ernst & Young, KPMG y Pricewaterhouse, y todo parece indicar que la cantidad del saneamiento financiero no andará lejos de los 62.000 millones avanzados en junio. Si algo habrá es margen hasta consumir los 100.000 millones de la línea concertada con el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

En total, la Unión Europea impuso 32 condiciones financieras y fiscales a España para el rescate, entre las que figuran parte de los ajustes conocidos -eso que llaman condiciones macroeconómicas-, así como la pérdida de poder del ministro de Economía para dárselo al Banco de España, a su vez bajo control del Banco Central Europeo. España sigue convirtiéndose así en una autonomía de un Estado federal que aun no existe, donde la falta de verdadero compromiso político, aderezada con una ineficaz burocracia europea, tiene un coste tremendo para España, que pagan sus contribuyentes con más impuestos y menos servicios.

La inyección de fondos al sector financiero, que a este paso se iniciará como pronto en octubre, lleva consigo contabilizar los activos a su valor razonable, empezando por el suelo, y obligará a los bancos con ayudas a vender activos y a imponer pérdidas a una parte de las preferentes. Los bancos deberán tener un 9% de capital al menos hasta final de 2014 y el rescate clasificará a las entidades en cuatro grupos según su solvencia. El banco malo deberá estar listo antes de final de año.

En definitiva, un sinfín de medidas que empezarán a notarse este otoño-invierno, sin que al final nadie se comprometa -de verdad- a lo más importante: que al menos vuelva el crédito a la gente que ya paga con su esfuerzo una crisis financiera que no causó precisamente la clase trabajadora.

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