Esther Esteban – Más que palabras – El carcelero.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

El carcelero de Ortega Lara, ese hombre sin piedad, ni compasión, que no tuvo ni un ápice de humanidad y consintió que el funcionario de prisiones sufriera la peor de las torturas durante los 500 días del secuestro, pide ahora salir en libertad porque padece un cáncer de riñón. Está siendo atendido en el Hospital de San Sebastián, que tiene uno de los mejores servicios de oncología de España, está medicado, cuidado y atendido con toda la dignidad y el respeto que se debe un ser humano.

Josu Uribetxebarria Bolinaga, que así se llama el sujeto, está en huelga de hambre para reivindicar su excarcelación, alegando que es algo permitido por el código penal en su articulo 92 para supuestos de enfermedad muy grave e incurable. Con tal motivo ETA y su entorno han iniciado una campaña de presión al Gobierno obligando a sus presos a sumarse a la huelga de hambre para que se aplique la ley.

El último en subirse al carro de este «numerito» ha sido Arnaldo Otegui que, sabedor de que ha caído en desgracia ante los suyos, quiere dar una imagen combativa para intentar rascar algo de protagonismo. Junto a él, ya son 108 los presos etarras los que se han apuntado a la iniciativa en «en solidaridad con Josu» en un desafío perfectamente planificado, muy al estilo de los terroristas.

El caso del carcelero es especialmente repugnante por varios motivos. Puede que sus días estén contados pero aunque así fuera, su sufrimiento no puede ni siquiera aproximarse al que el provocó en Ortega Lara, enterrado vivo en un zulo minúsculo en condiciones infrahumanas, tratado como un animal y al que hubieran dejado morir de hambre y sed de no ser por la labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Su imagen aunque estuviera carcomido por el cáncer, jamás podría ser como la de su víctima que cuando pudo ver la luz del día era lo mas parecido al de un prisionero de Auschwich. El ha tenido un juicio justo y ha cumplido condena en idénticas condiciones que cualquier otra persona privada de libertad, pero con sus derechos intactos.

Ortega Lara fue sentenciado a muerte sin haber cometido delito alguno y torturado hasta límites insufribles para un ser humano. No tuvo oportunidad de defenderse de lo que no había hecho, le encerraron como a un animal y pisotearon su dignidad durante 500 días y 500 noches. Nadie le dio oportunidad de poder reivindicar nada y sobrevivió gracias a una fortaleza y una templanza de ánimo, imposible para el común de los mortales.

Se puede decir una y mil veces que, precisamente, lo que diferencia a un demócrata del que no lo es, es que el primero cree en la grandeza de la Democracia y del Estado de Derecho, mientras el segundo lo que pretende es liquidarlo y, hasta que llegue ese momento, utilizar las armas que este pone a su alcance. La diferencia es que durante demasiados años cientos de inocentes han puesto la nuca para que unos asesinos despiadados dispararan a placer en nombre de una entonación, que maquillaban de una ideología inexistente.

Y para que no falte de nada en el esperpento, la máxima autoridad institucional de Bildu, el diputado general del guipúzcoa Martin Garitano, se ha involucrado personalmente en el asunto y tras visitar al carcelero en el hospital apelo a la legalidad existente. Sea cual sea el resultado final de este tema, está claro que ni el Gobierno ni los ciudadanos le debemos nada a ETA, ni a sus presos, por lo tanto, ¡ya esta bien de chantajes!. Serán los médicos quienes decidan cual es la gravedad real del paciente, pero la decisión no podrá estar condicionada por lo que haga el colectivo de presos o la izquierda abertzale. Estamos hartos de los desafíos de ETA y ya no cuela.

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