Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Ojala sepan lo que tienen entre manos, porque.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Escribo este comentario cuando ya seguramente muchos cientos de miles de personas empiezan a preparar las maletas para regresar a sus hogares. Los españoles que han disfrutado de vacaciones las han abreviado en muchos casos y tengo la impresión de que emprenden el retorno con un nudo en el estómago, del que quien suscribe, por supuesto, tampoco se libra: ¿qué nos va a ocurrir este otoño?

La verdad, dudo que incluso el propio presidente del Gobierno, fuente de mucho -que no todo_ poder, tenga una respuesta certera y segura a esa pregunta. Y eso es lo malo: la incertidumbre genera muy poca confianza y dificulta la empatía con un Ejecutivo que nos ha repetido muchas veces «dejádnoslo a nosotros, que sabemos lo que tenemos entre manos». Ojala de veras lo sepan, porque…

porque ya hemos dicho que este ha sido un verano poblado de silencios oficiales y en el que polémicas estériles y nombres que no merecen demasiada atención, desde Uribetxebería Bolinaga hasta, salvadas sean todas las distancias desde luego, Ruiz Mateos o Sánchez Gordillo, se han hecho con los titulares.

Y, así, vemos a un ministro polemizando con un duque y a unas fuerzas de seguridad paralizadas ante una manifestación ilegal en Bilbao en la que se pide la excarcelación de un cruel verdugo; y sí, yo apoyo a ese ministro frente al duque, frente al alcalde de Marinaleda y, repito, salvadas todas las distancias, también en el respaldo a la excarcelación de ese tipejo, más allá de los debates sobre si su enfermedad es terminal o no.

Pero todo ello ha sido acompañado de peleas en los medios lesivas para el prestigio de España y tan estériles como artificiales.

y espero que sepan lo que se traen entre manos porque la plausible prolongación del subsidio -subsidio es, y no plan Prepara; «preparar» ¿para qué? se ha hecho, desde las instancias oficiales, con tan escasa simpatía hacia las personas que van a recibirlo que muchas de ellas pueden sentirse vejadas y hasta bajo la lupa de la sospecha.

Como si quien ha agotado la prestación por desempleo quisiera seguir viviendo del cuento a costa de nada menos que 400 eurazos mensuales y darse la gran vida sin buscar trabajo. Yo sé, porque lo he comprobado personalmente, que los ministros de Rajoy, y menos aún el propio presidente, no piensan así y han hecho un esfuerzo para prorrogar este subsidio.

Pero, en política, las formas son tan importantes como el fondo y, a veces, da la sensación de que el Ejecutivo debería extremar las muestras de cariño hacia los ciudadanos, que bastante apesadumbrados están ya, en lugar de tratarlos con esa fría profesionalidad de entomólogo que es conducta que facilitan las malas cifras macroeconómicas. No puede ser que un español de a pie que se sienta casi al borde de la indigencia se considere moralmente peor tratado que el etarra Uribetxeberría Bolinaga, dicho sea con todas las salvedades, cautelas y distancias que usted quiera.

Y también espero sinceramente que Rajoy y sus ministros sepan lo que se traen entre manos porque no acabo de ver un Plan, con mayúsculas y digno de tal nombre, surgido de las reflexiones veraniegas, cuando hemos pasado el cabo de las Tormentas de los nueve meses desde que las elecciones generales dieron la victoria al Partido Popular. Las grandes reformas que exige la nación, desde la constitucional/territorial hasta la del mercado de trabajo, pasando por la energética -que esa es otra: ¿qué hacen dos ministros en un duelo a garrotazos desde los periódicos?– se alargan en el tiempo.

Quizá, claro está, porque las urgencias cotidianas aprietan y hay que acudir, en el interior y en el exterior, con la manguera para sofocar demasiados incendios, reales y sobre todo metafóricos.

Pero ni Rajoy puede eludir estas reformas ni puede dar la espalda al método para sacarlas adelante, que no es otro que llegar a un gran pacto con las restantes fuerzas, o con las más importantes de ellas. Lo digo con la mano en el corazón: espero muy de veras que el hombre atribulado que hoy lleva el timón de la nación, porque le toca, porque así lo hemos querido y porque detrás, hoy por hoy, no hay nadie como relevo, acierte. Nos va a todos mucho en ello.

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