Pedro Calvo Hernando – La ansiedad y el estupor.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

El comienzo del nuevo curso viene coloreado por el agravamiento de la crisis económica y la recesión, la creciente sensación de ruina nacional y el hundimiento del Gobierno y del partido gobernantes.

Esta última circunstancia es la que les ha llevado a adelantar las elecciones de Galicia ante el temor de llegar a marzo con esos comicios autonómicos emblemáticos para el PP irremisiblemente perdidos, dada la velocidad del deterioro de quienes hace ocho o nueve meses aseguraban que su sola llegada al poder extendería en España un gran manto de recuperación de la confianza y un torrente de optimismo económico y social.

Los aterradores incendios del verano han terminado de destrozar la moral de los españoles, ante la constatación de que su enorme gravedad se debe al hecho de los recortes humanos y materiales también en el campo de la previsión de incendios.

Por ahorrar diez se pierden mil y además se amarga más la vida a los ciudadanos. Pero parece que a muchos les importan más las cosas del alcalde de Marinaleda o la insensata obstaculización del cierre definitivo del drama vasco.

En el Gobierno de Rajoy se ha instalado el pánico político ante la perspectiva muy posible de que del 21 de octubre salgan una Euskadi gobernada por los abertzales y una Galicia perdida de nuevo a manos de socialistas y nacionalistas.

Este último temor ha sido determinante en la decisión de adelantar los comicios. La derrota del PP en su feudo histórico confirmaría su debacle a escala nacional y tal vez la tentación de convocar legislativas nacionales para la primavera, con el cálculo esta vez de que así no se daría tiempo al PSOE para una recuperación suficiente para ganar.

La actividad exterior de Rajoy esta semana viene teñida por la incertidumbre ante las consecuencias de ese probable segundo rescate, al que la oposición ve, con razón o sin ella, como el cierre total del horizonte de salida cercana de la crisis. La ansiedad y estupor del Gobierno serían menores si se hubieran tomado en serio el verano, con menos descanso y más coordinación, que los tiempos no están para bromas.

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