Rafael Martínez-Simancas – Sin etiqueta – Moda pobre.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Los indicadores de consumo se miden de maneras muy extrañas, uno de ellos es por la cantidad de detergente en polvo que usted esté acostumbrado a derrochar en su lavadora. Parece extraño pero una multinacional de alimentación e higiene ha aventurado que la pobreza regresa a Europa porque cada vez se venden más productos monodosis.

Lo dice el responsable de Unilever, el señor Zijdeverld con voz de campana grave: «la pobreza regresa a Europa». Si a esas declaraciones le ponen una trompeta después queda bastante apocalíptico.

Sepa que usted, europeo medio acosado por deudas e IVA que ha hecho todo lo posible por desmoronar la riqueza de Europa de una manera irresponsable: metiendo la mano con alegría en el tambor del detergente de la lavadora. Sí, no lo niegue, no mire a otro lado, sólo usted con ese comportamiento irracional ha hecho más daño que una reunión de banqueros en Wall Street, y ahora pone cara de yo no he sido. Pues los indicadores económicos lo saben todo.

Da igual que los golfos más grandes del mundo hayan estafado a la economía mundial con créditos falsos y con promesas vagas de crecimiento: la pobreza comienza cuándo un ciudadano derrocha gel de baño o detergente.

El sistema estaba preparado para aguantar a unos cuántos ladrones de guante blanco enrocados en sus mansiones de la Costa Azul pero se atora con la gente corriente que acude a una tienda a hacer la compra. Y lo que pregonan es la pobreza como Fernando Arrabal vaticinaba la llegada del milenarismo, háganse a la idea: otra vez la peste negra, las hogueras junto a los descampados, las migraciones masivas y hervir cáscaras de patatas.

La moda de este otoño/invierno es de pobre: lo dicen la caída de la economía, la bajada en la confianza del consumo, los analistas de multinacionales pero sobre todo ese comportamiento irresponsable que tiene usted en el supermercado.

Y como toda crisis siempre genera su oportunidad seguro que habrá quién invente la «moda pobre» y se vendan chaquetas de estilo «grunge» pero de verdad, nada de imitaciones pijas como antes.

De momento pueden seguir usando sus televisiones de plasma para ver la llegada de los «hombres de negro», curiosa contradicción en colorines. Y para la próxima vez, cuándo salgamos de esta crisis, a ver si me hace el favor de ser menos alocado y no va por ahí derrochando detergente como si fuera un rico.

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