Andrés Aberasturi – Europa no es una unión, es un banco


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Amores o desamores partidistas aparte, habrá que convenir que ni Zapatero en su momento -por citar lo alejado más cercano- ni Rajoy ahora gobiernan para fastidiar a los españoles, para hacernos la vida imposible o mediante un refinado instinto sádico. Claro que no; entre otras cosas porque semejante actuación les llevaría, irremediablemente, a perder las siguientes elecciones y por tanto a dejar el poder que es la última justificación real de la existencia de un partido político. Otra cosa bien distinta es justo lo contrario: gobernar la cosa pública para contentar al electorado a corto plazo sin la prudencia necesaria y ofreciendo más de lo que se tiene. Zapatero, en su tiempo, hizo las dos cosas: dilapidó buena parte de lo ahorrado de una forma insensata y luego tuvo que recular cuando ya era demasiado tarde y la crisis global y particular nos pilló con una mano delante de y otra atrás. Pero el recule no fue suficiente; se limitó a quitarnos lo que nos había dado antes y a meter mano, tímidamente, en pensiones y funcionarios.

Y naturalmente su partido pagó caro ese ir y venir de unas medidas económicas que se tradujo en la falta de confianza de la ciudadanía sobre la existencia de una verdadera planificación económica. Y en esas llegó Rajoy dispuesto al cambio total, con un programa lleno de sacrificios, recortes y ajustes que sólo dejaban a salvo el tema de los impuestos que eran intocables y que, como buen liberal, en todo caso se tendrían que bajar porque eso es lo crea actividad económica y puestos de trabajo.

Pero llegó el momento y la realidad, una vez más, resultó más insoportable que las buenas intenciones. La inquietante levedad de las promesas electorales eran pompas de jabón que se estrellaban con unos números que no sólo no eran los que el gobierno de ZP había dicho sino bastante peores y que, además, iban empeorando por días, casi por horas, porque eso que hemos dado en llamar «los mercados» estaban dispuestos a cargarse al Euro en el trasero de España que era lo más fácil. ¿Nos tienen manía los mercados? No, simplemente atacan a lo más indefenso de un sistema -el capitalista- que tendría que reinventarse de alguna forma porque así ya se ve que no funciona.

Y Rajoy cogió su fusil y gritó ¡plato! y uno tras otro fue convirtiendo en un polvillo anaranjado todo aquello que había prometido en su campaña electoral. No se enfrentaba a una crisis sino a la bancarrota del país y aunque lo siga negando él, su gobierno y hasta el resto de mandatarios de la UE, habrá rescate porque esto no da más de si. Es lo que hay y Rajoy lo ha apostado todo a unas cartas difíciles: los recorten en sectores tan sensibles como la sanidad o la educación y la gran estrella de estos días: la subida del IVA con la que espera equilibrar el déficit. El problema es si no le salen las cuentas; y muchos creemos que esta subida lo que va a generar es más cierre de empresas pequeñas y más economía sumergida, que no va a ser «la» solución sino parte del problema y que, como ha ocurrido con la amnistía fiscal, una cosa es la teoría y otra la práctica. Ya veremos. Lo malo es que ahora mismo España -como el resto de Europa- no depende de la voluntad de los que se reúnen en Bruselas sino de la señora Merkel que a su vez no quiere enfadar demasiado a su banco nacional. Europa no es una Unión sino una institución bancaria, la alemana, que tiene más peso incluso que el propio BCE.

Si a Rajoy le sale bien su apuesta, es posible que para en 2014 el horizonte esté más despejado; si le sale mal, es posible que no vea el 2015 desde La Moncloa.

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