Victoria Lafora – Un triste ante millones de derrotados.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Resulta ahora que un muchachito portugués, cuyo único mérito consiste en dar con tino patadas a un balón, está triste y medio país anda conmocionado por la noticia. La incógnita, sobre los motivos de su pena, más difíciles de entender dado que el chico ingresa al año diez millones de euros, es portada de periódicos y titular de telediarios.

Un hecho así, tan ridículo, no tendría mayor comentario si este país y media Europa no estuviera atravesando la peor crisis económica desde la segunda Guerra Mundial, si en España no existieran cinco millones de parados, entre ellos familias enteras con todos sus miembros sin trabajo. Si esta no fuera una sociedad que está sufriendo los peores recortes en prestaciones y derechos desde la llegada de la democracia, sin levantar la voz.

Atónita, callada y paralizada la ciudadanía española no se echa a la calle a decir ¡basta ya! Parece como si el desmoronamiento del estado del bienestar, el final abrupto de esa sensación de ser ricos aunque fuera en hipotecas, hubiese provocado una catarsis social que adormece las conciencias y lleva al fatalismo de creer que ni siquiera protestar sirve para algo.

Consentimos que los socios europeos nos impongan condiciones leoninas (y son socios) para prestarnos unos fondos que permitirán que los mercados no conviertan nuestra deuda en la soga de un ahorcado. Esos mismos mercados que están pagando miles de millones de euros a Francia y Alemania cada vez que -ellos sí- piden dinero.

Angela Merkel llega hoy a Madrid. ¿Qué mejor oportunidad para que Rajoy le explique los padecimientos de la sociedad española, poniendo como ejemplo las condiciones de penuria con que comienza el curso en la enseñanza pública? Simplemente que le presente una tabla comparativa con la inversión alemana en educación y a lo que ha quedado reducida la española. Y así con todo.

Los dirigentes políticos tienen que fajarse, enfrentar los problemas y solucionarlos. No vale, como dijo Rajoy, ampararse en «estoy haciendo lo que no quiero hacer». La pregunta es si para eso le han votado los españoles, porque hubiera dado igual elegir a un semáforo: rojo va mal, verde va bien.

La sociedad no puede resignarse a esta imparable carrera de recortes, que no solo no convencen a los mercados sino que tampoco están sirviendo para controlar el déficit público. Una conciencia crítica, mayor cohesión social, solidaridad con los más desfavorecidos, salir de la apatía y del fatalismo son buenas recetas para abordar el otoño que viene.

Si el futbolista está triste que se compre una caja de Klennex y se vaya a llorar con su mama. Aquí no estamos para idioteces.

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