Carlos Carnicero – Rajoy, maestro de la ambigüedad.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Cada vez que escucho a Rajoy me quedo temblando al comprobar como la ambigüedad es la única tecnología política que utiliza. Frases como «haré lo mejor para España» tienen un profundo sustrato religioso que exige fe para poderlos aceptar. El interprete exclusivo de «lo mejor para España» pretende que entreguemos nuestra voluntad para que el administre nuestras vidas. Pura religión. Una antigua forma de caudillismo de quien no está dispuesto a compartir sus tomas de decisión.

Una entrevista a seis periodistas es el mejor escudo para la ambigüedad. Retórica de casino provinciano mientras los que escuchan juegan al dominó para incardinar las fichas de forma que el contrario se despiste. En ese terreno de juego, el entrevistado se convierte en un pretendido profesor cuya pedagogía se basa en no concretar absolutamente nada.

Los medios de comunicación están haciendo dejación de los fundamentos del periodismo, uno de los cuales es la dialéctica sin condiciones entre quien pregunta y quien responde. Moncloa elige los periodistas en un equilibrio cómodo entre quienes son afines y quienes actuarán, de buena fe, como coartada para simular la objetividad. En medio de este universo, quien responde se limita a colocar mensajes previamente establecidos.

El oficio de la política se ha remitido a la vacuidad. Y ésta exige que las grandes frases generen un equilibrio de confianza entre quienes son próximo y la indiferencia del resto.

Las encuestas siguen señalando la distancia progresiva entre representantes y representados. Es un suicidio lento de la democracia. Pero los líderes solo quieren tener el control del partido para evitar ser controlados. No reformarán el sistema político fallido para seguir teniendo el poder, aunque sea solo en su partido.

En medio de una crisis en donde los profetas acechan, solo falta un salvador que tenga un carisma religioso mayo para conseguir que sus proclamas sin contenido sean recubiertas de un manto de esperanza. De momento tenemos el señuelo de Eurovegas como paradigma de la solución. Y ahora el espejismo se manifiesta en tapetes verdes y fichas de casino. Como si todos pudieran acertar el pleno.

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