Julia Navarro – Escaño Cero – Ni un antes ni un después.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Hay que ver lo poco carismático que es nuestro presidente del Gobierno. La esperada entrevista que un grupo de periodistas le hizo en TVE no ha servido para despejar las dudas sobre nuestro futuro inmediato como país, y no por las preguntas de mis colegas, sino por las respuestas del presidente Rajoy.

Si analizamos qué dijo el presidente convendrán conmigo que no dijo demasiado salvo que no va a presentar una «cuestión de confianza» en el Parlamento y que no tiene intención de rebajar las pensiones, en cuanto al resto, es decir si va a pedir un «rescate» pues respondió lo de siempre, ni sí ni no ni todo lo contrario. O sea, sabemos lo mismo que sabíamos después de la entrevista.

En una sociedad tan mediática y, si me permiten decirlo, tan superficial, como en la que vivimos, la política tiene más que nunca mucho de espectáculo, de ahí que hayan proliferado los «gurus» con títulos de sociólogos que se dedican a aconsejar a los líderes desde cómo vestir, a la manera de expresarse y sobre todo cómo deben de actuar en televisión.

En el caso de Rajoy yo creo que más allá de decirle de que color debe de llevar la corbata lo demás cae en saco roto. Nuestro presidente tiene «poca gracia», entiéndanme lo que quiero decir con esta frase, solo que no es una persona con carisma, sino más bien de modos fríos y distantes.

Naturalmente, un buen gobernante no es el que es más simpático, ni el más carismático ni el mejor comunicador, porque se puede ser un gran comunicador de la nada. Los ciudadanos necesitamos gobernantes solventes, gente con consistencia intelectual suficiente para gobernar un país. Pero aunque no sea imprescindible tener un gran tirón, si es necesario saber explicar lo que se hace y por qué se hace, y ahí es donde Rajoy falla.

Imagino que el presidente prepararía con sus asesores la entrevista en TVE, y por tanto que debería de haber «ensayado» qué quería decir a los ciudadanos, explicarles el por qué de lo que está haciendo y, sobre todo, lo que nos aguarda para el futuro. Y todo eso quedó confuso. Quizá el formato televisivo elegido no es el mejor. Seis periodistas preguntando es la mejor manera de que el personaje se escape vivito y coleando. Son difíciles las replicas y contraréplicas. Al final, más que una entrevista se convierte en un monologo desestructurado.

Yo creo que María Casado se las basta sola para hacer una buena entrevista, lo mismo que cualquiera de los otros colegas que intervinieron. Más de dos periodistas preguntando en un «plató» es multitud. En ese sentido, la televisión francesa borda las entrevistas a sus políticos.

El caso es que el resultado no ha sido como para tirar cohetes teniendo en cuenta que el formato no era el más adecuado y que nuestro presidente es más bien soso y que no le gusta dar respuestas rotundas que resulten comprometedoras, en realidad es un especialista en tirar balones fuera. En realidad estamos y sabemos lo mismo que antes de la entrevista. Ni más ni menos.

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