Esther Esteban – Más que palabras – Leña al mono.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

La publicación del patrimonio de los miembros del gobierno ,actual y el anterior, ha resultado ser un filón para los periodistas porque el tema se puede analizar desde tantos puntos de vista, que los titulares están garantizados. Así puede concluir que Rajoy y Rubalcaba tienen casi el mismo patrimonio 1,2 millones de euros con una ligerísima ventaja del líder de la oposición. Se puede afirmar que dos secretarios de Estado tienen el mayor patrimonio entre los líderes políticos, o señalar que con pocas excepciones lo antiguos altos cargos del equipo de Zapatero han sufrido una pequeñísima disminución patrimonial.

Esos son los datos genéricos y luego está la demagogia. Esa, que nos puede llevar a calificar de escandaloso que nuestros gobernantes tengan esos abultados patrimonios cuando nuestro país tiene el farolillo rojo en numero de parados y son muchos los que no tienen lo básico para sobrevivir. Esa, que hace tabla rasa con todos los políticos y los dibuja como unos vagos redomados, unos chupopteros, corruptos y aprovechados que viven a cuerpo de rey. Esa, que sirve para señalarles con el dedo porque no son pobres de solemnidad y que degrada la dedicación a la cosa pública porque !al fin y al cabo! cualquiera lo haría mejor que ellos.

He oído incluso a algunos que han calificado de «inoportuno» que estos datos vean la luz, por entender que, con la que está cayendo, sería mejor optar por el ojos que no ven….. Yo, personalmente, creo que la transparencia es consustancial a la madurez democrática y de quejarme de algo, me quejo de la opacidad infinita que sigue habiendo en torno a la forma de gestionar muchas instituciones y como se gasta el dinero de todos nosotros. De entrada y aunque no es muy popular decirlo !sé que me va a caer la del pulpo!, creo que nuestros políticos deben ser los mejores y también deben estar bien pagados. No es de recibo que nuestros presidentes del gobierno cobren una cantidad muy inferior a la de cualquier consejero de una gran empresa o entidad financiera, ni tampoco que su sueldo sea menor que el de muchos alcaldes o presidentes autonómicos. No es de recibo que cuando se van los convirtamos en espectro al que nadie quiere arrimarse, o sean esos famosos jarrones chinos que en su día definió, perfectamente, Felipe González.

Está muy bien saber su patrimonio para poder comparar lo que tenían cuando llegaron y lo que tienen cuando se van, pero la información sigue siendo incorrecta si se desconocen otros muchos datos complementarios, como si tienen otros bienes aunque ellos no figuren como titulares o detalles sobre la procedencia de los mismos. No es lo mismo llegar a la política con una mano delante y otra detrás, que haber tenido una actividad profesional previa que ha reportado los ingresos correspondientes, ni tampoco lo es tener un patrimonio familiar que no tenerlo o que la cosa pública sea un punto de partida o de llegada.

Es profundamente injusto y, democráticamente, puede llegar a ser demoledor que la sombra de la sospecha se extienda sobre toda la clase política sobre todo porque, en situaciones así, suelen aparecer aventureros con un discurso populista que siempre como nos ha enseñado la historia, han traído malas consecuencias. Si solo vemos en nuestros políticos unos trincones, aprovechados y sin escrúpulos. Si nos limitamos a creer que vienen a la política para enriquecerse, al final nos cargamos el invento. Los que roban !a la cárcel!, pero ni todos son unos ladrones, ni todos están en el trinque para poder darse la buena vida. Una cosa es la crítica política y la exigencia de responsabilidades y otra muy distinta enfangarla y desprestigiarla hasta la extenuación. !Solo hay que asomarse a las redes sociales para ver que el panorama es muy, pero que muy preocupante, leña al mono que es de goma!.

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