Julia Navarro – Escaño Cero – Duros a peseta.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Convendrán conmigo que nadie da duros a peseta y mucho menos una empresa que lo que quiere, lógicamente, es obtener beneficios. De manera que no es de extrañar que una compañía aérea de bajo coste, como Rynair, produzca más de un sobresalto a sus viajeros y de paso a las autoridades aéreas.

Que se esté convirtiendo en costumbre que los vuelos de Rynair tengan problemas es cuanto menos preocupante, de ahí que la ministra de Fomento este dando la voz de alerta y solicitando a la Unión Europea que se permita a nuestro país tener un control efectivo de la seguridad de estos vuelos.

Ana Pastor es una política que siempre huye de la estridencia, que busca el acuerdo, que es seria y rigurosa en cuanto acomete. Y si una política de este corte lanza la voz de alerta es porque hay razones sobradas para la preocupación por la seguridad de los pasajeros.

La verdad es que los ciudadanos hemos descubierto con este conflicto con Rynair que nuestro país no tiene la última palabra en cuanto a la seguridad aérea, y que por el solo hecho de estar Rynair matriculada en Irlanda tenemos las manos atadas para exigir que se cumplan determinados protocolos que afectan al mantenimiento de los aviones y a la seguridad.

Amparándose en las reglas europeas, el propietario de Rynair, el irlandés Michael O»Leary, se carcajea de nosotros sabiéndose impune. Ya digo que la ministra Ana Pastor solo hace que instar a las autoridades europeas que tomen cartas en el asunto pero hasta el comisario Slim Kallas hace oídos sordos a los llamamientos de nuestra ministra, lo que sin duda es una grave irresponsabilidad por su parte. Si un día, uno de esos «incidentes» se convierte en accidente con causas indeseables entonces ¿qué dirá Slim Kallas? ¿Qué dirán los mandamases de la UE?

Me parece que es de sentido común que las autoridades aeroportuarias de cada país tengan la última palabra sobre la seguridad y mantenimiento de los aviones que aterrizan y despegan de sus aeropuertos, y más si se trata de líneas de bajo coste.

Es evidente que una línea aérea de bajo coste no tiene la misma calidad que una línea aérea tradicional. Para que un billete cueste poco más que un bono-bus supone que el empresario tiene que recortar de todas partes, lo malo es que cuando ahorra combustible, como es el caso de Rynair, o en mantenimiento lo hace por tanto en seguridad.

No se puede poner en peligro las vidas de los pasajeros en nombre del sacrosanto mercado ni mucho menos de unas leyes hechas por la Unión Europea que, al parecer, no tienen en cuenta que desaprensivos los hay en todas partes.

No sé lo que opinarán ustedes, pero pienso que hasta que las reivindicaciones de la ministra Ana Pastor no sean atendidas deberíamos de pensárnoslo dos veces antes de volver a subir a un avión de Rynair.

Además son inaceptables la desfachatez y el tono desafiante con el que se viene manifestando el señor O»Leary ante los requerimientos de la ministra Pastor.

La pelota está en el tejado de la UE, esperemos que además de mandarnos a los «hombres de negro» para fiscalizar nuestra economía, tengan a bien dotar a los países de los instrumentos necesarios para poner freno a quienes en nombre de la libertad de mercado y amparándose en leyes comunitarias hacen de su capa un sayo, o mejor dicho, a cuenta de ahorrar costes para obtener más beneficios juegan con la seguridad de los demás. Yo, por lo pronto, no me subiré a un avión de Rynair hasta que las demandas de la ministra Pastor sean tenidas en cuenta por nuestros socios de la UE.

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