Victoria Lafora – Un hombre esencial.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

La muerte de Santiago Carrillo, una figura clave en un momento tan convulso como la Transición, invita a una reflexión sobre el papel fundamental de la política con mayúsculas cuando la crisis arrastra a un país a situaciones limites. Carrillo fue un hombre esencial en la consolidación de la democracia española. Tuvo ilimitada capacidad de negociación, visión de Estado y el carisma suficiente para convencer a un Partido Comunista de acendrado republicanismo que no era el momento de cuestionar la monarquía.

Su frase de «España mañana será republicana, pero ahora hay cosas más importantes y urgentes que resolver» refleja su pragmatismo y como supo priorizar la recuperación de las libertades y los derechos. En momentos de zozobra, un país necesita esta clase de políticos que toman decisiones, que saben discernir donde están los verdaderos problemas y que saben contar a los ciudadanos, sin complejos, el precio a pagar por salir del hoyo. Su habilidad para evolucionar desde la dictadura del proletariado hacia la socialdemocracia es también otra cualidad que debería ser exigible a cualquier cargo público, que normalmente permanece, impasible el ademán, enrocados en sus esencias.

No es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero, visto lo visto, y analizando la gestión del Gobierno actual y los dos de Zapatero, es evidente que los políticos que condujeron la Transición eran mucho mas capaces que los de ahora, que suelen actuar movidos, casi exclusivamente, por intereses partidistas. Carrillo fue capaz de mantener una relación cordial con Manuel Fraga, que no solamente era su oponente político, sino que había sido ministro de Franco, el dictador responsable de sus treinta y cinco años de exilio. El encono actual y la batalla del quítate tú que me pongo yo, lleva aparejado unas imposibles relaciones personales entre los dirigentes de PP y PSOE, justo en el momento en que el país mas necesita el consenso y el acuerdo entre los dos principales partidos.

Ahora, que se está jugando el futuro de las generaciones venideras, es cuando más necesario es el arte de la política y cuando más se nota la falta de visión y de carisma de los que se sientan en el Congreso de los Diputados. El deterioro de la imagen de los representantes elegidos en las urnas es la consecuencia de años de enfrentamientos partidistas en defensa de una casta que ha vivido de las prebendas del Estado; de una mal disimulada ansia por alcanzar el poder, no con afán de servicio, sino para uso y beneficio de sus siglas. Ojalá se repitieran figuras como la de Carrillo entre la clase política actual. Mejor nos iría.

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