Charo Zarzalejos – El Profeta, la libertad y la prudencia.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

La ira musulmana se extiende por el mundo. Cuando no son unas caricaturas es un vídeo cutre, la cuestión es que en aras de la defensa del Profeta, musulmanes de casi todos los países demuestran tener una sensibilidad a flor de piel cuando desde fuera se sienten atacados en sus convicciones. Las reacciones, todas ellas relatadas en los medios de comunicación, han sido atronadoras y en muchos casos violentas.

El fanatismo se ha adueñado de millones de hombres y mujeres, e incluso niños, sin que se atisbe una rendija de reconversión. Dentro del mundo musulmán hay también millones de hombres y mujeres que abominan de este fanatismo, pero apenas se les oye. No consta una denuncia organizada de la lapidación de mujeres en Afganistán, ni, salvo organizaciones internacionales, que ese mundo musulmán civilizado se haya llevado las manos a la cabeza cuando en Pakistán pretendieron ejecutar a una niña deficiente porque, supuestamente, había quemado unas páginas del Corán.

Y en Occidente, para que negarlo, tenemos miedo. Somos incapaces de levantar la voz de manera contundente y con consecuencias ante tanto despropósito. Se apuesta por reforzar la seguridad de las embajadas y, en el fondo, se cuestiona la libertad de expresión apelando al virtud de la prudencia, que en este caso es una forma de llamar al miedo.

No hay democracia sin libertad de expresión y como muy bien ha dicho el Gobierno francés, tras la publicación de unas caricaturas de Mahoma, si alguien se siente agredido o dañado en sus legítimos intereses son los tribunales de justicia -no las reacciones fanáticas- los encargados de restablecer esos derechos presuntamente vulnerados. La libertad de expresión es un derecho irrenunciable pero como todos los derechos tiene sus límites. El insulto y la difamación no es libertad de expresión; es o puede ser mera ocurrencia , ausencia absoluta de ideas o simplemente estupidez.

En el ejercicio de la libertad de expresión se han hecho caricaturas, mofas y sarcasmos sobre el Papa, Jesucristo, la Virgen… sobre todo aquello que forma parte de las creencias de millones de cristianos y católicos pero se sabe de antemano que nada de esto supone un peligro ni para sus autores ni para embajadas, lo que indica que hay, cuando menos, dos maneras muy distintas y distantes de entender el mundo.

Personalmente creo que si algo hay digno de respeto son las creencias o no creencias de cada cual por ello nunca he acabado de entender determinadas «creatividades» pero si aceptamos que la religión puede ser, y de hecho es, objeto de caricatura y demás gracietas, hay que aceptarlo para todo y para todos; es decir, que si se puede caricaturizar a Jesucristo porque no trae consecuencias no hay que dejar de caricaturizar al Profeta por miedo. Cosa bien distinta es la prudencia porque como decía Jenofonte «no puede existir un valor digno de alabanza si no va acompañado por la prudencia».

Me apunto a Jenofonte pero con cuidado porque lo que para nosotros es prudencia, la ira, en este caso musulmana, la entiende, con seguridad, como indicativo de miedo y el miedo es también un camino seguro hacía el abismo.

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