Ni el día ni la hora

No hace falta ser un fino analista internacional, para concluir que la sangrienta peripecia de Bachar al Asad acabará muy mal.

No sabemos ni el día ni la hora, porque este tipo de déspotas se agarra al trono como ‘guacamayo a la percha’, pero podemos predecir el resultado. La bella Asma y los tres niños encontrarán refugio en algún opulento emirato petrolero o quizá en Londres, porque ella tiene pasaporte británico.

Y él, tras aguantar en Damasco lo que no está escrito y llevarse por delante a unos cuantos miles de paisanos, se irá al infierno.

La aparición de la Primera Dama, oliendo a Channel, jugando al badminton y con una camiseta en la que ponía “Oh, mi dulce país”, es una afrenta insoportable para una nación donde desde hace cinco meses que se mata sin piedad y hay ya 13.000 madres que lloran a sus hijos asesinados.

Y encima, para complicar más las cosas, van los sicarios del tirano y derriban un avión turco.

Todo huele a violento final. Lo que no tengo muy claro es a cuál, de los modelos de fin de regimen que he visto de cerca en los más de treinta años que estuve dando tumbos por el mundo como reportero audaz, se parecerá la caída de Asad.

Anastasio Somoza, abandonado hasta por sus padrinos norteamericanos, recogió en el cementerio los restos de su padre y arrambló con los fajos de dólares depositados en el Banco Central, antes de subirse el 17 de Julio de 1979 a un avión y salir como alma en pena de Nicaragua. Un año y dos meses después, lo pulverizaban en Paraguay.

El ocaso de Nicolae Ceaucescu fue vertiginoso. El 17 de diciembre de 1989 ordenó a la Securitate disparar contra la población que se manifestaba en Timisoara y una semana despues era condenado a muerte. Lo fusilaron junto a su mujer y mientras cantaba la Internacional, los propios militares rumanos siguiendo consignas del ruso Gorbachev.

Mobutu, que llevaba 32 años gobernando el Congo como una finca, aguantó lo suyo en Kinshasa. El 16 de mayo de 1995, cuando llegaron por fin las milicias tutsis, huyó a Marruecos, donde no resistió ni cuatro meses al cancer de próstata.

Sadam Husein, que llevaba tres décadas gobernando Irak y había sobrevido a dos guerras atroces, salió sigilosamente de Bagdad cuando entraron los marines. Escapó a una granja y permaneció allí, encondido en un húmedo agujero, durante siete meses. Lo peor para él tuvieron que ser los casi tres años que estuvo esperando en una celda a que lo ahorcaran.

Tampoco fue plato de gusto lo del libio Gadafi, atrapado el 20 de octubre de 2011 en una tubería, sodomizado con un palo y asesinado de dos balazos, por los mismos que le veneraban unos meses antes.

Bachar al Asad tiene dónde elegir, pero no le darán opción.

ENCUENTRA LOS PRODUCTOS QUE TE INTERESAN

¡¡¡ BÚSQUEDA DE LAS MEJORES OFERTAS ONLINE !!!

Obtener los mejores resultados de tu búsqueda de productos

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído