La ensalada holandesa

Hasta que llegó la crisis y creció desaforadamente el número de vecinos que miran atravesado al mulá del barrio, las elecciones en Holanda eran un simple trámite burocrático, con candidatos educados y debates corteses.

Pero eso fue antes de que un islamista de origen marroquí asesinara al cineasta Theo van Gogh y de que a los contribuyentes se les metiera en la cabeza que están pagando el despilfarro de los mangantes del sur de Europa.
Las cosas son ahora mucho más duras y complicadas.

Hoy se celebran elecciones generales, con la Unión Europea como caballo de batalla y el 40% de los que acudirán a las urnas, lo hacen no teniendo claro a quien apoyar.

Lo lógico sería que los liberales de Mark Rutte, hasta ahora primer ministro y los socialdemócratas de Diederik Samsom queden en cabeza, pero se calcula que harán falta al menos cuatro partidos para formar gobierno.

Descartado como socio Geert Wilders, líder del Partido de la Libertad y xenófobo sin complejos, que el pasado abril dejó en la estacada al Gobierno de centroderecha cuando más se le necesitaba para aprobar nuevos recortes, la única opción que le queda a cualquiera que gane es echar mano de todo el que este dispuesto a entrar en el Gobierno.

Y ese tipo de ‘ensaladas’, además de tardar mucho en aliñarse, saben siempre fatal.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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