Francisco Muro de Iscar – Un país sin autoestima.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Este es un país de contrastes donde casi nadie quiere estar donde está y donde nadie confía en el otro. El Gobierno duda en tomar decisiones, cuando sólo está para eso, y la oposición ni se opone, porque también anda buscando su lugar. Una parte del país propugna abandonarlo al mismo tiempo que todos apuestan por ceder poder a las instancias europeas. Los bancos no prestan dinero, se lo quedan y los empresarios cierran empresas en lugar de abrirlas. Los sindicatos no se preocupan por los trabajadores -ni siquiera por los suyos, a los que despiden con la menor indemnización posible- y los desempleados, no todos, prefieren cobrar el paro antes que buscar un empleo. Es normal que cunda la desmoralización.

La mayor parte de los ciudadanos y de los empresarios cree que la situación económica es mala o muy mala y todos opinan que va a empeorar. Crece el paro hasta límites insoportables, pero si un extranjero se mueve por nuestras calles, será difícil que imagine que aquí hay crisis. Y cuando preguntas a los ciudadanos de uno en uno, la mayoría manifiesta que es feliz, que están satisfechos con su vida y que no prevén que vayan a vivir peor.

Pero culpan de todo a los políticos, que se han convertido en puching ball de todas las críticas. ¡Qué corrupción! Pero casi ninguno denuncia la economía sumergida, en la que están muchos de ellos o sus hijos, ni les parece mal no pagar con IVA cuando se lo ofrece algún electricista o un albañil, ni desprecian una recomendación que ayude a «agilizar» un asunto o acelerar un trabajo, ni les parece mal que le quiten el sueldo a los políticos, aunque ninguno aceptaría ser diputado en esas condiciones. Los jóvenes quieren trabajar en su casa y ni se plantean irse fuera y los que se van, en la mayoría de los casos lo hacen porque no les queda más remedio. Y los padres se quejan de la educación de sus hijos, pero son permisivos, no acuden al colegio o, cuando lo hacen, quitan toda autoridad al profesor…

En el fondo la mayoría de los españoles criticamos todo lo que se nos pone por delante, pero estamos encantados de habernos conocido y no sabemos lo que significa la autocrítica, ni estamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos, nuestro modelo de vida ni a renunciar a los servicios sociales, aunque no haya un euro para pagarlos. Queremos buenas carreteras, mejores escuelas, una sanidad excelente y todo gratis. Y pensiones más altas. Y si hace falta rescate, que Europa lo de, pero sin pedir nada a cambio ni obligarnos a pagarlo. ¿Todo es culpa de los políticos? Tal vez ninguno se atreve a decirnos la verdad porque se temen que no tenemos ningún interés en conocerla. ¡Con lo bien que se vive echando la culpa a otros y descartando cualquier responsabilidad propia! Por cierto, ¿qué fue del 15-M y su impulso crítico, deslumbrante y renovador?

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