Un ‘legítima’ metida de pata

La metida de pata es antológica. Son los riesgos que entraña la mezcla de la televisión en directo y el lenguaje emperifollado.

El senador Akin podía haber que se opone al aborto en toda circunstancia, incluidos los casos de violación. Y añadir que le pena debe aplicarse al violador y no al bebé.

Para su desgracia, se puso exquisito y en lugar de ir al grano, buscó una forma gramatical que edulcorara su tajante postura.

Y salió con eso tan retorcido de que hay “violaciones legítimas en las que el cuerpo de la mujer tiene mecanismos para cerrarse del todo”.

Akin, quien hasta la pifia llevaba 11 puntos de ventaja a su rival demócrata en la batalla senatorial de Misuri, no ha explicado que entiende por “legitimate”.

Ha emitido un anuncio en que en dice arrepentirse del error, pero que no he hecho nada éticamente incorrecto, por lo que mantiene su candidatura.

Aunque en el momento de enviar esta columna, Akin seguía en sus trece, es probable que a la hora en que el diario llega al kiosko, su carrera política sea historia.

Hasta el propio Romney le ha pedido que deje de soltar bobadas y se apee, lo que dará al partido la posibilidad de sustituir su nombre en las papeletas.

El embrollo de Akin tiene mucho menos que ver con las creencias, que con la estupidez humana, pero coincidirán conmigo que no hay país occidental y civilizado en el que la religión sea tan omnipresente.

De los 312 millones de habitantes que tiene EEUU, el 80% se declaran ‘cristianos’, el 1,7% de judíos y el 0,6% musulmanes, un porcentaje similar al de budistas.

Y aunque rara es la década en algún agnóstico o ateo no va al Tribunal Supremo demandando que se elimine de monedas y billetes el lema ‘In God we trust’, ellos siguen confiando en Dios, al menos en los dólares y siendo una nación laica de verdad, como estipula la Primera Enmienda.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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