La naturaleza del bicho

Son así. A estos les pasa como al alacrán del cuento. Aquel que convence a una ingenua ranita para que lo transporte en su lomo, de un lado a otro del riachuelo, tras explicarle que ni se le ocurrirá picarla porque él no sabe nadar y perecería ahogado.

Y en mitad de la corriente, el bicho le clava su venenoso aguijón. Y cuando la rana, agonizante, le pregunta por qué ha hecho eso, sabiendo ambos van a morir, él responde: “es mi naturaleza”.

Ya escribí la semana pasada que no creía que los agentes de Castro hubieran asesinado a Oswaldo Payá. No por falta de ganas o de maldad, sino porque al régimen no le conviene semejante embrollo en esta tesitura internacional.

Además, tengo muy claro que los sicarios de la Seguridad no hubieran dejado testigo alguno. Si ellos hubieran montado el ‘accidente’, no habrían quedado supervivientes.

A pesar de las denuncias de la familia de Payá y de la sombra de sospecha que envuelve todo lo que hace una dictadura tan siniestra como la cubana, no lo tenían tan complicado.

Podían haber dejado que el embajador de España hablase sin tapujos con Ángel Carromero. Eso hubiera sido lo normal, lo que habría pasado en cualquier país civilizado.

Pero ellos no. Fieles a su instinto, han montado una confesión siniestra con vídeo incluido y ya parecen más culpables que Judas.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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