Francisco Muro de Iscar – Revalorizar las pensiones.


MADRID, 2 (OTR/PRESS)

Una mala comunicación puede destruir la mejor gestión. Y una buena puede suavizar los problemas de una mala gestión. No digamos lo que sucede cuando a una mala gestión de un asunto público se le suma una pésima comunicación. ¿Se van actualizar las pensiones con el coste del IPC y se van a subir un 1 por ciento como ha anunciado la vicepresidenta del Gobierno o «ya veremos», como ha dicho un alto cargo de la Administración, lo que cualquier avezado espectador traduce por «de eso nada»? Con las cosas de comer, no se juega. Tampoco se debería jugar con el respeto a las leyes ni con la seguridad jurídica, pero tal vez sea pedir demasiado a quien nos gobierna, sea del signo que sea.

Millones de pensionistas esperan con preocupación qué va a pasar con sus pensiones. A las subidas de impuestos y de tasas judiciales, al repago de los medicamentos, a la subida de los precios, puede sumarse ahora la decisión del Gobierno de no actualizar el IPC de unas pensiones congeladas para millones de españoles. Y eso no puede ser porque la ley obliga al Gobierno a subir el IPC y porque no pueden pagar la crisis, aún más ni siempre, los que menos tienen.

Dicen las estadísticas que la pensión media en España es de unos 800 ó 900 euros, lo que significa que hay varios millones de ciudadanos cuya pensión no llega a los 500, 600 ó 700 euros. Y muchos también han visto recortadas -o las van a ver en breve- las ayudas por dependencia, una condena casi a la indigencia. No actualizar sus pensiones significa una estafa. No subirlas algo, aunque sea poco, otro desprecio a los más desfavorecidos.

Si no hay dinero, se pueden congelar las pensiones más altas. Si no hay dinero, se puede adelantar la implantación de la jubilación a los 67 años. Si no hay dinero, se puede ampliar el periodo de vida laboral para el cálculo de las pensiones. Bastaría reunir el Pacto de Toledo y llevar una propuesta seria, rigurosa y pactada. Cualquiera entiende que las cosas, no sólo por la crisis, han cambiado. Hace cuarenta años se empezaba a trabajar a los 20, se jubilaba uno a los 70 y no se vivía, de media, por encima de los 80. Ahora se empieza a trabajar -si se encuentra trabajo y tras una larga educación obligatoria y gratuita- a los 25 ó 30, se sale del mercado laboral antes de los 65 y se vive hasta los 85 ó 90. Antes se cotizaba durante 50 años y se cobraba pensión durante 10. Ahora se trabajan unos 30 ó 35 y más de 50 son a cargo del erario público. Sostener eso es inviable, pero condenar a los pensionistas a la miseria, cuando hay tanto despilfarro, es indigno. Que despejen las dudas pronto y con un mensaje claro y único.

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