Victoria Lafora – Galicia y la ambición de Mario Conde.


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Esta semana se ha constituido formalmente el partido del ex banquero, con el que pretende llegar a la presidencia de la Xunta. Conde, que se reconoce en la palabra ambición, sabe que no va a alcanzar su meta pero estas elecciones son el primer paso de una carrera política perfectamente engrasada con su gran patrimonio personal.

Los votos que consiga en las urnas gallegas pueden, sin embargo, hacer mucho daño al Partido Popular que roza la mayoría absoluta, sin la cual no podría gobernar.

Nunca Feijóo pudo imaginar que tendría que lidiar en campaña electoral con un ex presidiario y que este llegaría a preocuparle. Por sí acaso se va a emplear a fondo en el feudo donde Mario Conde podría restarle más votos si enfoca su campaña en la teoría de que los recortes de Rajoy no sirven para sacar al país de la crisis.

La principal dificultad del ex reo se plantea cuando intenta explicar a sus electores su trayectoria personal y sus cuitas cancelarías provocadas por la persecución del poder al que ahora aspira. Su frase de que «los políticos han perdido el respeto al dinero, se han creído que es suyo» podría figurar en la antología del despropósito.

Que un personaje que saqueó las cuentas de una entidad bancaria dejando a miles de pequeños ahorradores en la ruina, que se llevó ese dinero y todavía no lo ha devuelto, se permita decir que alguien cree que el dinero público es suyo, es de traca.

Uno de los grandes fallos de la Ley penal española, que ninguno de los sucesivos gobiernos ha enmendado, es la escasa duración de las inhabilitaciones para ejercer cargo público a los condenados por apropiarse de lo ajeno.

Para la ciudadanía, tan harta de corrupción política sería, con certeza, un estímulo que se inhabilitara de por vida a todo aquel que se ha apropiado de grandes cantidades de dinero ajeno, si no las devuelve.

Quien quiera optar al voto ciudadano, tras haber sido condenado por apropiación indebida, debe antes devolver lo sustraído.

Se evitarían así, casos como el del infausto Ruíz Mateos o el del propio Mario Conde que ahora se permite dar lecciones de ética política. ¿Será que confía en la falta de memoria histórica de sus compatriotas?

En su osadía, además de no ocultar su ambición, asegura que lo ideal sería cambiar la Constitución para que los españoles puedan elegir otra forma de Estado ya que: «la Monarquía ahora es un problema». Lógicamente su aspiración es una República presidencial, lista con elección directa del Ejecutivo, y ¿qué mejor cargo para una persona de su talento?

Los cinco millones de parados no parecen ser el principal problema político para el que fuera presidente de Banesto.

Al igual que ocurrió con su anterior intento de utilizar las siglas del CDS, creadas por el expresidente Suárez tras la desmembración de UCD, que fue un fracaso rotundo, queda la esperanza de que la sociedad civil gallega, esa que el pretende acercar a lo órganos del poder, le coloque en su lugar. Es decir, le recuerde que para llegar al Gobierno de cualquier institución del Estado hay que devolver a la sociedad lo sustraído.

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