José Luis Gómez – A vueltas con España – Los cien euros de Inditex.


MADRID, 07 (OTR/PRESS)

La crisis se ha llevado casi todo por delante en España, pero no todo. Un ejemplo emblemático es la moda de Zara y de otras marcas del grupo de Amancio Ortega, el empresario capaz de eludir la crisis hasta el punto de convertir la multinacional gallega Inditex en líder mundial por ventas, beneficios y número de tiendas.

Con ocho firmas, entre ellas Zara, que genera el 65% de las ventas del grupo, Inditex sumaba en 2012 un total de 5.527 establecimientos en 82 países y empleaba a 110.000 personas. Y es que la crisis no se habla con Inditex, que en 2011 obtuvo un beneficio neto de 1.932 millones de euros -un 12% más- y una facturación en ventas de 13.793 millones, diez puntos más.

El premio le llega ahora vía Bolsa. La semana pasada, las acciones de Inditex rebasaron los 100 euros por primera vez desde que empezó a cotizar en 2001, fruto de una tendencia que varios meses de subidas, hasta convertirse en la primera del Ibex 35 por capitalización bursátil.

Inditex también es la empresa que mejor evoluciona en Bolsa entre las grandes compañías europeas, con una revalorización en 2012 del 58%, gracias al rendimiento de su diversificación geográfica mundial. Desde su salida a Bolsa, en mayo de 2001, multiplicó por más de cinco su capitalización, ya que había debutado a 18,25 euros. El viernes cerró a 99,96 euros.

Para Inditex, las crisis son globales, pero de diversa intensidad según zonas y mercados, ya que su fuerte diversificación en países de cinco continentes le permite compensar zonas oscuras con otras de mayor emergencia comercial. Pablo Isla es su presidente, pero Amancio Ortega es «el jefe». Lo refleja muy bien el guardia de seguridad de la entrada a su sede central, en Arteixo (A Coruña), cada vez que alerta a sus compañeros de que «entra el jefe».

Suele hacerlo casi a media mañana, en un Mercedes negro, donde se sienta al lado del conductor, con su camisa blanca sin corbata y su americana de tonos oscuros. Entra el jefe pero tampoco causa ningún revuelo. Ortega no se dirige a ningún gran despacho, sino que se mezcla con sus diseñadores en una inmensa sala donde se le ve a la distancia que un portero ve a otro en un campo de fútbol. Habla con todo el mundo y discute de las formas de la moda. Por desgracia para todos, hay pocos empresarios así.

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