Carlos Carnicero – La pobreza como tecnología.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Me imagino que las reuniones del Eurogrupo tienen una liturgia medieval. Los nuevos aristócratas del dinero se reúnen para impulsar la pobreza de la plebe. Y lo hacen con la misma distancia que ocurría entonces. Los reyes y nobles más malvados organizaban la recaudación entre los siervos de la gleba sin importarles que se quedasen sin trigo para el invierno. Solo querían ganar su siguiente guerra.

Es un camino el zigzag, pero siempre hacia el mismo objetivo de desolación en la ensoñación de que desde la miseria vendrá el crecimiento. ¿Para quién, para los que nunca se han empobrecido?

Y además no están ceñidos a ninguna regla. No prometen objetivos ni siquiera a largo plazo; jamás concretan un límite a los recortes ni una fecha para la recuperación. El empobrecimiento es una mecánica sin fin.

Cuando parece que se ha alcanzado algún acuerdo, siempre hay nuevas condiciones que se superponen a las anteriores como las capas de una cebolla.

Si esto es el Euro, debemos pensar en escaparnos de esa cárcel y respirar nuestra pobreza en libertad, sin el desprecio añadido de que los amos del norte decidan sobre nuestras vidas.

El rescate tiene condiciones. Y estás nunca se concretan o se camuflan para que el pueblo no articule su defensa frente a estos nuevos agravios.

Grecia ha recibido a la señora Merkel como el remake de una nueva ocupación alemana. Ahora no son divisiones acorazadas sino que los bancos alemanes toman posiciones sin disparar un solo tiro. No necesitan fuerzas de ocupación porque la aristocracia política y del dinero de cada país ocupado son un ejército de cipayos al servicio de la colonia.

Los países del sur somos prisioneros de una insolidaridad piramidal. Nadie mira al país vecino, porque la esperanza de poder sobrevivir por encima de él. Los prisioneros también se peleaban en los campos de concentración por seguir vivos un día más. Y eso nos pasa. Los italianos no quieren que les confundan con españoles: y a ellos y a nosotros nos horroriza que nos identifiquen como griegos y portugueses. La rebelión de los esclavos solo es posible si unimos nuestros intereses frente a quien nos está empobreciendo. No queda mucho tiempo para una explosión social. Debiéramos procurar que fuera pacífica, contundente y coordinada con nuestros hermanos del sur. Ya no pueden insultar más a nuestra inteligencia con nuevos retruécanos sobre nuestro futuro.

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