Julia Navarro – Escaño Cero – ¡Alerta!


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

O la clase política española se pone las «pilas» o ellos y la sociedad entera nos encaminaremos al desastre. No quiero ser agorera, pero el hecho de que en la última encuesta del CIS se refleje que para los ciudadanos el tercer problema es la clase política debería de encender todas las alarmas.

En realidad no hacía falta esperar los resultados de la encuesta del CIS para darse cuenta del desafecto creciente de los ciudadanos respecto a los políticos. Solo hay que escuchar, sí, escuchar lo que se dice en la calle, para saber que en la sociedad hay una profunda decepción por el comportamiento de nuestra clase política a la que no se ve a la altura de las difíciles circunstancias que, por la crisis, nos está tocando vivir.

La corrupción es otro de los elementos que tiene que ver con ese desafecto. Pero sobre todo, me parece a mí, lo que de verdad provoca esa irritación de los ciudadanos es ver que nuestros políticos parecen vivir en una burbuja y todo lo que sucede fuera de ella les es ajeno.

Por ejemplo, desde el PP se quiere presentar a los movimientos de protesta que salen a la calle como grupos que se dedican a la algarabía y a fastidiar al Gobierno, en vez de afrontar que esas manifestaciones, sean más o menos numerosas, lo que denotan es el síntoma de la enfermedad, que no es otra que la gente lo está pasando rematadamente mal a cuenta de la crisis. Pero en vez de eso, los populares y sobre todo desde sus terminales mediáticas se dedican a denostar, despreciar e insultar a los manifestantes y sobre todo a las cúpulas sindicales.

Para colmo, el propio presidente Rajoy estableció una división entre los ciudadanos, los buenos ciudadanos son los que se quedan en casa y se aguantan con los efectos de la crisis sin protestar, mientras que los malos ciudadanos son los que salen a protestar a la calle.

En realidad, la gente empieza a desesperarse al comprobar que las cosas no solo van a mejor sino a peor. Y es que para muchos millones de ciudadanos el triunfo del PP significaba que nuestro país iba a ir a mejor porque después del desastre de la gestión de Rodríguez Zapatero nuestro país tendría un Gobierno que sabía lo que tenía entre manos. Pero la verdad es que no ha sido así, sino todo lo contrario.

Rajoy y los suyos pueden clamar cuanto quieran por la herencia recibida, pero desde hace un año son ellos los que toman las decisiones y esas decisiones lo único que han provocado son más paro, menos Estado del bienestar y un deterioro creciente de la imagen de España en el mundo. Esa es la realidad por más que la quieran disfrazar.

Nuestro presidente aparece como un hombre que sigue los dictados de Bruselas pero que no tiene peso específico suficiente para tratar de tú a tú a Merkel y demás familia, es decir, plantarse para decirle que el camino que han elegido los euroburocratas nos está llevando al desastre.

La encuesta del CIS también refleja el número creciente de ciudadanos que prefieren un Estado centralista al autonómico. Y esto es así porque son evidentes los despilfarros y malas gestiones en algunas comunidades autónomas, sino en todas.

Pero ¡ojo! la valoración negativa de los españoles respecto a los políticos no se circunscribe al Gobierno sino a todos, absolutamente a todos los políticos, sean del partido que sean. De manera que no hay ningún partido que se libre. Y si según la encuesta el PP está sufriendo una sangría de votantes el PSOE le anda a la par. Los actuales dirigentes socialistas no están pudiendo o no están sabiendo dar respuestas a la sociedad y por tanto no están logrando constituirse en una alternativa creíble que genere esperanza. Los ciudadanos se han decepcionado con Rajoy, pero tampoco creen en Pérez Rubalcaba. O sea un desastre.

Eso debería hacer reflexionar a la familia socialista y les debería de llevar a abordar el futuro con otros mimbres. No es que Pérez Rubalcaba no sea un político capaz y solvente, es que a lo mejor no es el político para esta circunstancia. Claro que lo peor que le puede pasar al PSOE es el de llevar a cabo una renovación que les devuelva al «adanismo» de Rodríguez Zapatero.

La encuesta del CIS es clara, se han encendido todas las alertas y por el bien de nuestra democracia es urgente que nuestros políticos asuman que estamos viviendo tiempos excepcionales que requieren que ellos tengan comportamientos no solo transparentes sino que sean capaces de anteponer los intereses generales a intereses partidistas. Me parece a mí que hace falta un gran pacto para que no continúe abriéndose el abismo entre sociedad y partidos políticos, porque eso sería un desastre.

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