Rafael Martínez-Simancas – Sin etiqueta – Reformas y mudanzas.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Al presidente extremeño se le entiende perfectamente porque construye metáforas de fontanería y reformas en general. Cuando Monago dice que a la Constitución le hace falta una «manita» sugiere que es hora de afrontar algunas preguntas con las respuestas que ofrece la Carta Magna. Hasta el momento hemos vivido dentro de un miedo atroz a tocar una coma de cualquiera de los artículos pero cuando se creó el texto se pusieron en él mecanismos para actualizar que la democracia puede usar. De aquella transición de hace más de treinta años y que algunos sólo conocen por los episodios de la familia Alcántara nos quedan dos tópicos inabordables, por un lado la frase de «fiesta de la democracia» para hablar de la cita con las urnas y por otro «tocar un capítulo provocaría que se abriera el melón», ¿Y qué pasa si se abre, o es que somos esclavos del Gran Melón que nos ata sin poder decir nada en contra?

Está claro que la Constitución tiene telas de araña, le suenan los goznes, le crujen las maderas, le hace falta raspar el gotelé y cambiar las cañerías de plomo (por usar otra metáfora de fontanería). Pero justo cuando se exige más criterio y buscar soluciones aún dentro de las discrepancias, el CIS nos ofrece la radiografía de una clase política cuestionada. El personal no ve a sus representantes como próximos y todo ese espacio vacío que deja la oposición, en este caso el PSOE, lo ocupa la calle de manera preocupante para los políticos que se ven desbordados por una realidad amarga.

El miedo a abrir el melón atenaza tanto a la derecha como a la izquierda de la que por cierto renunció el PSOE y por eso no encuentra su espacio (para recordar al PSOE hay que acudir a las memorias de Bono, o de Leguina, en las que se hace una autopsia completa de todo aquello). La respuesta al órdago de Mas está en la Constitución así como la manera de estructurar el Estado pero tropezamos con el miedo al melón. Y democracia es vivir sin miedo y que a nadie le ofenda que en el fútbol se grite como siempre se ha gritado, no esperen que un estadio se transforme en una biblioteca llena de cívicos ciudadanos que dan palmas tibias. No creo que Margallo quiera crear un catecismo del espectador perfecto, la imagen de la marca España se deteriora cuándo un alto cargo compara a la ley con las violaciones.

Analizado con frialdad es triste ver cómo la crisis avanza y para encontrar nervio en la política hay que leer memorias o darse una vuelta por la hemeroteca. Monago tiene razón con lo de la «manita» pero no se ven a muchos voluntarios, más bien dóciles diputados que aprietan el botón sin cuestionarse nada porque saben que les podría costar el cargo. Es decir que manda el Gran Melón sobre todos.

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