Victoria Lafora – Y, además, orgulloso.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

El ministro de Educación, que ha creado un serio problema al Gobierno con sus imprudentes, provocadoras y estúpidas afirmaciones, pretendiendo «españolizar a los niños catalanes», insiste en la materia. En catalán, lengua que debe hablar en la intimidad, se ha mostrado orgulloso de lo dicho, a la vez que respaldado por la vicepresidenta del Gobierno.

La espiral de provocaciones en la que han entrado destacados ministros y miembros de la dirección popular no es la mejor alternativa para rebajar la tensión entre Cataluña y Madrid. Al margen del «sostenella y no enmendalla» de Wert, tampoco estuvo muy fino el responsable de Exteriores al comparar los nacionalismos con el nazismo. Lo mismo se puede decir de la dirigente del PP catalán, Alicia Camacho, hasta hace unos días fiel respaldo del Gobierno de Más y que ahora convoca una manifestación , exigua por cierto, contra el soberanísmo para provocar una respuesta de los independentistas que multiplique por dos la participación de la celebrada el día de la Diada.

Artur Más y su equipo no hacen más que frotarse las manos, en plena pre campaña electoral, pues cada error político de los populares son nuevos votos a su formación, y más catalanes sintiéndose agraviados por Madrid.

El presidente de la Generalitat, que no asistió a la conmemoración del 12 de Octubre, consiguió, en ausencia, que el tema de Cataluña fuera el titular de la jornada al recriminar el Rey al ministro Wert la torpeza de su expresión. El Príncipe también tuvo que salir al quite, ante tanto desatino, y recordar que «Cataluña no es el problema, Confió más en la Cataluña real que en la espuma que estamos viendo con lo que hacen los unos y los otros».

Manca fineza en la clase política para saber llevar este desafío, que requiere grandes dosis de inteligencia en lugar del trazo grueso con que se esta abordando. Quizá convenga recordar como se solventó el plan Ibarretxe, del qué ya nadie se acuerda. La pretensión soberanista del lehendakari del PNV tenía, además, el terrorismo de ETA guardándole las espaldas. Sin embargo se llevó por el camino del respeto institucional y del arte de la política: el dirigente vasco vino a Madrid, defendió sus tesis en el Congreso, fueron rechazadas por amplia mayoría y se acabó la crisis.

En aquel entonces, los que ahora son ministros se echaban las manos a la cabeza, acusaban al PSOE de querer romper España y de ceder al chantaje terrorista. Miedo da pensar como van a manejar las imprescindibles relaciones institucionales si, al final, una coalición de PNV y Bildu gobierna en el País Vasco tras las elecciones. ¿Pretenderá Basagoiti salir envuelto en un tremolar de banderas españolas por las calles de Bilbao?

Esperemos que tenga más cordura que su homóloga catalana. La convivencia solo se logra con diálogo, algo a lo que parecen poco acostumbrados los miembros del PP y en especial los que nos gobiernan.

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