Cayetano González – Rabia y tristeza.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Esos serán los dos sentimientos que la inmensa mayoría de los españoles tendremos en la noche del próximo domingo cuando el recuento de votos de las urnas arroje un resultado espectacular para la coalición EH-Bildu, la franquicia con la que ETA se presenta a las elecciones autonómicas del País Vasco gracias al visto bueno que hace unos meses le dio el Tribunal Constitucional. Se entiende por resultado espectacular ser, al menos, la segunda fuerza política tras el PNV y conformar con este partido una mayoría independentista en el Parlamento Vasco como no se había dado hasta la fecha.

Pienso que la noche del domingo, más que nunca, deberemos acordarnos especialmente de las víctimas del terrorismo. Ayer tuvo lugar en Madrid el acto de entrega de los IV Premios Internacionales «La Puerta del Recuerdo» otorgados por el Observatorio Internacional de Víctimas del Terrorismo de la Fundación San Pablo-CEU que tengo el honor de dirigir. Una de las personas premiadas fue Irene Villa a la que hace veintiuno años, un atentado de ETA le segó las piernas y a su madre, un brazo y una pierna. En sus palabras, Irene, como siempre hace, intentó transmitir al resto de las víctimas del terrorismo y a la sociedad un mensaje de esperanza, de no permitir que el pesimismo y el rencor anide en nuestras vidas por mor del terrorismo. Irene acaba de ser madre hace tres meses y tiene mucho mérito que con lo que ha tenido que sufrir en estos años, sea una persona llena de vida y con mucha ganas de mirar hacia el futuro.

Pero el mensaje positivo de Irene Villa es compatible con constatar que veintiún años después de que los terroristas de ETA estuvieran a punto de acabar con su vida y con la de su madre, esos mimos terroristas están a un paso de conseguir el objetivo por el que han asesinado en los últimos cincuenta años a un total de 857 personas. Ese objetivo no es otro que alcanzar el poder en el País Vasco para desde el avanzar hacia la independencia y la consiguiente ruptura de España.

Reitero que el domingo por la noche, cuando se confirme el magnífico resultado de la franquicia de ETA, muchos españoles nos moveremos entre la rabia y la tristeza. Y las víctimas del terrorismo, además de sentir lo mismo, se podrán preguntar legítimamente si ha merecido la pena tanto sacrificio, tanto sufrimiento, para que al final los terroristas se salgan con la suya. Se preguntarán por qué si al final el Estado de Derecho iba a ceder como ha sucedido, no se cedió hace veinte, treinta años, y así se hubieran evitado muchas muertes. La gravedad del momento que estamos viviendo en España no solo viene motivada por la crisis económica, sino por situaciones y hechos como los que dentro de muy pocas horas vamos a vivir en el País Vasco.

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