Charo Zarzalejos – Menores salvajes.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

No hay presidente de Gobierno ni ministro de Educación que no hayan tenido sus correspondientes huelgas. Ayer, la organización de padres CEAPA se sumó a la huelga y a las manifestaciones de los alumnos de secundaria y todo ello con un protagonismo cualificado del Sindicato de Estudiantes. Ni media discusión sobre el derecho que les asiste a todos ellos a manifestar sus discrepancias o sus enfados. Ni media discusión sobre el carácter pacifico de la inmensa mayoría de sus protagonistas.

Dejando por sentado la existencia de un derecho _el de manifestación_ que a todos nos asiste hay algunas aspectos que, cuando menos, resultan llamativos por no calificarlos de ridículos que sin duda lo son. Es llamativo que quienes no han conocido el franquismo digan que el ministro de Educación lo que quiere es devolvernos a aquella época y que todos ellos, que por edad, no saben lo que de verdad es luchar y esforzarse, se presenten como principales víctimas de una situación que, efectivamente, tiene muchas victimas y también mas de un héroe, como J.M.F que me hace llegar una conmovedora carta.

Relata que para acabar la carrera trabaja repartiendo pizzas por la noche y sacando a pasear a un anciano tres veces por semana. Su padre se ha quedado en paro y ahora tramita la ayuda correspondiente para su madre aquejada de una enfermedad invalidante. «Yo también estoy enfadado _afirma_ y cansado, muy cansado pero miro a mis padres y me lleno de rabia porque no se merecen lo que les está ocurriendo pero cuando ellos me miran a mí la rabia se convierte en fuerza y aquí esto… haciendo lo que puedo».

Llamar al ministro Wert «franquista» no deja de ser una gracieta absurda que al aludido no le quita el sueño. Lo que si es preocupante, muy preocupante, es que unos niñatos de entre 14 y 17 años entren a saco en un colegio religioso de Extremadura, la emprendan con los profesores _una resultó herida_ bajo el llamamiento de que a los curas hay que quemarles y advirtiendo «no me toques, que soy menor y te denuncio». Son niños matones, tan matones que no parecen niños. El Colegio, con buen criterio, ha presentado la correspondiente denuncia.

Para muchos, muchísimos, este hecho no deja de ser una anécdota irrelevante. Creo, sin embargo, que es un síntoma. Es verdad que estos niños matones son una minoría, pero el que sean una minoría no es argumento para no reflexionar. ¿Qué tiene que pasar por la cabeza de un adolescente de 14 años para semejante ejercicio de intolerancia?

¿Qué ausencia total de referentes deben revestir a estos diez o doce adolescentes para actuar como auténtico vándalos? ¿Con más dinero se evitan semejantes comportamientos? La educación necesita de dinero, de inversiones inteligentes pero también y, sobre todo, de criterios, de referentes y del establecimiento de lo que el pensador Javier Gomá denomina con extraordinaria lucidez «el prestigio de los límites». No hay derechos ilimitados pero estos niñatos vándalos funcionan sin ellos. ¿No merece esta actuación, por minoritaria que haya sido, una pequeña alerta?

Negar que hay menos dinero para Educación es un ejercicio absurdo y no admitir que para muchísimas familias estos recortes son un auténtico varapalo es hacerse trampas en solitario pero una pregunta ¿se mata la educación pública porque en lugar de 35 niños por aula haya 38? ¿Atenta a la salud trabajar dos horas mas a la semana? Habrá que poner las cosas en su sitio y admitir que ninguna de estas dos cuestionas echa por tierra la educación pública. Otra cosa es que haya asignaturas que no se den porque no hay profesor o que en algún centro haya aulas de mas de cuarenta alumnos y sobre esos flecos debería haber una especial vigilancia para que en ningún caso se produzcan semejantes distorsiones, pero esto es materia transferida y la culpa no es de Wert sino de cada comunidad autónoma y si nos creemos, se creen, el modelo autonómico no todas las miradas deberían dirigirse al ministro de Educación.

Pero vuelvo a los niños vándalos asumiendo que a algunos les parezca una exageración semejante empecinamiento. Que el portavoz del Sindicato de Estudiantes, con 28 años, hable de franquismo es su problema pero que un grupo de niños de entre 14 y 17 años asalten un Colegio creo que es algo que atañe a todos. Una simple tos puede ser un leve catarro o el síntoma de una neumonía.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído