Rosa Villacastín – El Abanico – Solidarios anónimos.


MADRID, 18 (OTR/PRESS)

Hace unos días, una periodista norteamericana me preguntaba, cómo era posible que con cinco millones de parados en España no hubiera más asaltos a supermercados y grandes superficies que los protagonizados por el alcalde de Marinaleda. Algo que a mí también me sorprendería si no fuera porque conozco casos de familias que viven con lo mínimo, con el sueldo de la madre -limpiadora por horas-, o la pensión de alguno de los abuelos, y que solo les da para pagar la luz, el agua, la comunidad, el teléfono, y una comida al día.

Tal es el caso de Silvia, de su marido y de sus cinco hijos -todos menores de edad- que llegaron a España procedentes de Perú, atraídos por la propaganda de que en nuestro país podían encontrar lo que en el suyo les negaban: trabajo y un futuro mejor para sus hijos. Lo encontraron. Durante años el marido de Silvia trabajó a destajo en la construcción, donde ganaba un buen sueldo, que junto al de su mujer -asistenta por horas-, les permitió ahorrar lo justo para dar la entrada de un pisito en un barrio de las afueras de Madrid, y meterse en una hipoteca que cuando las cosas han venido mal dadas tuvieron que dejar de pagar. Dentro de unos días les va a desahuciar la Caja de Ahorros que con tanta generosidad les facilito el crédito. Habiéndoles negado la posibilidad de pagar un alquiler que se ajuste a sus posibilidades económicas de hoy, y hasta que el marido encuentre trabajo y puedan continuar pagando la maldita hipoteca que ha puesto fin a todos sus sueños presentes y futuros.

La situación de esta familia es tan agobiante que hace un año la hija mayor estuvo a punto de morir por un exceso de medicamentos. Una situación que superaron gracias a la profesionalidad de los médicos de la Seguridad Social, de los profesores de la niña, y de gente que sabiendo lo que les estaba ocurriendo, desde entonces les hace llegar comida, medicinas, ropa, para paliar en lo posible su precaria situación.

Historias como la de Silvia son hoy moneda corriente, más corriente de lo que podamos imaginar, y que afectan a una buena parte de los extranjeros que viven en nuestro país, pero también a muchos españoles de clase media que han perdido sus trabajos y sus ahorros, y que están logrando salir adelante gracias a la generosidad de sus familias, pero también de esa gente anónima que no quiere mirar para otro lado cuando se topa con estos graves problemas, y gracias a los cuales la miseria es menos visible, que es en definitiva lo que buscan las administraciones públicas, que por lo que parece solo son eficaces cuando se trata de recortar en servicios sociales.

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