Esther Esteban – Más que palabras – El guardián y la ley.


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Ha dicho el consejero de Interior de la Generalitat, Felip Puig, que, en caso de conflicto, «los Mossos estarán con la Generalitat», lo que viene a decir, ni más ni menos, que él utilizaría a las fuerzas de seguridad para ir en contra de la legalidad constitucional. Inmediatamente ha tenido la respuesta adecuada y tanto el Ministerio del Interior, como el PSC o los sindicatos, tanto policiales como los que representan a los Mossos, han advertido, seriamente, primero: que ellos actúan al servicio de la ley y segundo: que no se les utilice políticamente. Desconozco si el consejero en cuestión habla por cuenta propia o ejerce de traductor simultáneo de su jefe, el señor Mas, pero la declaración no tiene un pase y tenían que haber sido sus propios compañeros de filas quienes le enmendaran la plana.

Lo normal es que cuando un representante público dice una barbaridad de ese tipo que roza el golpismo ¡lo que nos faltaba!, es que pida perdón y además presente la dimisión de un cargo para el que clarísimamente está inhabilitado y que no es de su propiedad, ni de su uso personal ni del partido que le ha nombrado a dedo, sino de todos los catalanes que están viendo en los últimos tiempos lo peor de una clase política, encerrada en sí misma, que hace y dice lo que sea para arañar un puñado de votos radicales.

Cuando un responsable político incita al delito -que es exactamente lo que ha hecho este señor- y además es el guardián de la seguridad hay que echarse a temblar porque simplemente da miedo. Da miedo el nivel de irresponsabilidad y da terror que contraponga lo que él llama legalidad democrática a la legalidad constitucional. ¿Qué significa eso exactamente. Que la Constitución gracias a la cual él ocupa su cargo y condición no es legal? o ¿Que la legalidad es la suya propia, la que él quiere imponer según soplen los vientos en Cataluña, o según le convenga al político que esté de inquilino en el Palau de la Generalitat en cada momento?

Los ánimos están exaltados y algunos voceros se han empeñado en echar gasolina al fuego, porque han emprendido una huída hacia adelante que no saben cómo parar y prefieren, como Nerón, ver como arde todo y poder seguir tocando la lira. El portavoz del sindicato de los Mossos ha dicho que las declaraciones de su «jefe» son aberrantes, que ellos siempre estarán al lado de la ley y simplemente que les deje en paz y no le utilice para sus intereses políticos. Ha recordado, eso sí, que en los dos años que el señor Puig lleva al frente del departamento hay menos agentes, una plantilla desilusionada, 500 coches menos para patrullar y un repunte de los delitos. Ese es el dato y tal vez sea eso lo que el consejero quiere ocultar con palabras de grueso calibre y difícilmente digeribles para un demócrata.

Son malos tiempos para la sensatez y peores para la Política con letras mayúsculas. No es de extrañar que los ciudadanos se alejen cada vez mas de estos mediocres que a falta de soluciones están envenenando todo. Que en Cataluña haya elecciones no es argumento para no dejar títere con cabeza. Se están sembrando demasiados vientos y la tempestad puede convertirse en un tsunami que termine por llevarse a toda una generación de malos políticos por delante. Afortunadamente, los ciudadanos están demostrando mucha más sensatez que sus dirigentes. Nos ha costado demasiado consolidar una democracia y un Estado de derecho como para que unos cuantos politiquillos del tres al cuarto se pongan la ley por montera y hagan de la Constitución un sayo.

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