Luis del Val – Envilecer a la Guardia Civil


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Lo negaban, lo negaban con insistencia, decían que los complementos que cobran los guardia civiles no estaban sustentados por el número de multas, sino por una amplia panoplia de criterios que aplican sus jefes inmediatos, e hicieron todo lo posible por hacernos creer que lo de convertir a los guardias civiles de tráfico en unos recaudadores ávidos de multas pertenecía a la leyenda urbana.

Bueno, pues a dos guardias civiles de Cantabria les han retirado 240 euros de complemente de su ya menguado sueldo, porque no recaudan suficientes multas. Al actual Director General de la Guardia Civil le cabrá el deshonroso mérito de ser el autor de un progresivo envilecimiento del cuerpo, comenzando por lo más fundamental y mostrenco, que es cambiar la filosofía de la Agrupación de Tráfico, cuyo objetivo es poner orden en las carreteras y tratar de salvar el mayor número de vidas posibles, transformarlo, digo, en un cuerpo parecido al de los corsarios donde, como confiesan los propios guardias civiles, un control de alcoholemia que no capte a ninguna persona con una copa de más, en lugar de ser un motivo de satisfacción, resulta que se transforma en «una noche perdida».

No cabe mayor aberración, ni más miserable. Un cuerpo que tiene el respeto de la inmensa mayoría, que ha demostrado su disciplina, su capacidad de sacrificio, que ha sufrido en sus carnes el zarpazo de los asesinos de ETA, como ninguna otra institución, todo ese capital construido con años de trabajo, esfuerzo y vidas, erosionado y desprestigiado porque a un tonto contemporáneo -que debería dimitir- se le ocurre que los guardias civiles sean corsarios. Lo que no pudo el infame de Roldán con sus tropelías lo va a lograr esta vejatoria estupidez que perdura y culmina un proceso de deshonra que pagaremos todos muy caro, y no solo los multados.

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