Rafael Torres – Al margen – Otro PSOE.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

A raíz de los paupérrimos resultados obtenidos por el PSOE en las elecciones vascas y gallegas, se ha reactivado en todas partes, incluso en su seno (con lo poco permeables que son los partidos a la realidad), el debate sobre una posible o conveniente sustitución de Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del mismo. Se trataría, y ya circulan quinielas al respecto, de buscar otro, pero lo más probable es que lo que necesita el PSOE para remontar el vuelo, cumplir con su función y cortar la imparable hemorragia de votos, no es otro jefe, sino otro PSOE.

Según el diseño bipartidista de la política española que algunos hicieron en el arranque de la Transición, y que nos ha llegado, aunque muy tocado últimamente, hasta hoy, solo dos partidos estarían autorizados a gobernar, cual, por lo demás, ha sido lo corriente en las restauraciones monárquicas: uno, aglutinador del voto de derechas, y otro, del voto de izquierdas. El Partido Popular se ha consolidado, superando sus iniciales titubeos y ajustes al juego democrático, como el partido de todas las derechas, desde la extrema del franquismo originario hasta la Democracia Cristiana, pasando por el centro más conservador, pero a su contrapeso, el PSOE, le ha ocurrido todo lo contrario, que ha ido poco a poco, como si dijéramos, desconsolidándose, de suerte que ya no aglutina el voto de la izquierda, que aunque de suyo fragmentada y plural, le socorría en los comicios. Semejante deriva, dramática en las actuales circunstancias, tiene, desde el punto de vista electoral, un origen: las constantes traiciones a su electorado cuando, gracias a éste, le ha tocado gobernar.

Porque el electorado del PSOE siempre ha sido de izquierdas, pero el PSOE ha ido siéndolo cada vez menos, hasta llegar a éste Rubalcaba que no atesora, entre sus muchas cualidades, ni una ideología reconocible, ni un carisma para cautivar a los que, permítaseme el inocente calambur, se hallan cautivos en las mazmorras de la mayoría absoluta de la derecha. Así pues, la cuestión no radica tanto en el nombre del líder como en la cosa que debe liderar. La cosa, dicho sea con el mayor respeto, es el PSOE, que como no recuerde pronto qué es, y para qué existe, y qué y a quienes debe defender, y desde qué convicciones y con qué propósitos, quedará definitivamente encallado en su propia inanidad.

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