Rafael Torres – Al margen – Hipotecas homicidas.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Si a un hombre le arrebatan cuanto tiene, cuanto conforma su existencia y le permite ocupar un lugar, por muy modesto que sea, en el mundo, a ese hombre se le está matando, por mucho que en su desesperación sea él mismo el brazo ejecutor de su muerte, y se cuelgue de una viga o se precipite, desde la ventana de la casa que hombres armados le quieren quitar, al vacío. En apenas 24 horas, dos hombres de alguna edad, con esos cincuenta y tantos años tan jodidos para afrontar el enésimo revés, encontrar trabajo o rehacerse y emprender de nuevo el camino hacia ningún sitio, se han suicidado, uno en grado de tentativa y el otro en el de consumación, por la sencilla razón de que un sistema despiadado e infame pretendía quitarles, igualmente, la vida.

Sobre la conciencia de quienes, teniendo de su mano la elaboración de las leyes, el gobierno de la cosa pública y la administración de la Justicia, es decir, el bienestar y la seguridad de los ciudadanos, recae la responsabilidad del sufrimiento, y ya también de esas muertes, que el entreguismo a los bancos y a la moderna usura está generando en millones de familias españolas. En tanto el Gobierno amnistía a los defraudadores fiscales, indulta a ediles condenados por corrupción, concede en sustraer los ahorros de los trabajadores para satisfacer la codicia de los prestamistas internacionales, decreta de urgencia sobretasas para estorbar el recurso a la Justicia, y, por su ineptitud, contribuye a la destrucción de millares de puestos de trabajo, nada hace, ni un guiño de humanidad siquiera, para socorrer a las víctimas de su demencial política y de la de los gobiernos anteriores, su precursora.

Hombres armados acuden con leyes inicuas a expulsar a la gente humilde de sus casas para entregárselas a los bancos que organizaron el sindiós de las hipotecas y la ruina de España. La echan a la calle, pero han de seguir pagando lo que ya no disfrutan, intereses incluidos, y que nadie disfrutará, pues las casas quedan invendibles, fantasmales, vacías. En Granada y en Burjassot, dos hombres no pudieron soportar que les quitaran así la vida.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído