Y todo a media luz

A mi me hace pensar en el tango. En aquel de “y todo a media luz, que
es un brujo el amor”, porque lo que más vívidamente quedó grabado de
aquel gran apagón de 1965 en mi lascivo cerebro estudiantil, cuando
ocho estados de la Costa Este de EEUU quedaron a oscuras durante 14
horas, es que a los nueve meses exactos se duplicaron los nacimientos
en los hospitales de Nueva York.

En otras palabras: que la gente, a falta de lámparas, televisión,
cines y bares en los que sumergirse, se había metido en la cama.

En la época en que viví en Manhathan y fueron varias porque tuve casa
en la orilla del Village cuando gobernaba Reagan y retorné a un
apartamento en el Upper East Side cuando mandaba el joven, sufrí con
sorpresa varios cortes de electricidad.

Pero ninguno como este. Los míos solían ocurrir en verano, cuando
apretaba ese calor húmedo que dispara la criminalidad y empuja a los
chavales a reventar las bocas de riego, porque la gente –indiferente
de su color o condición económica- ponía tope el aparato de aire
acondicionado y terminaba haciendo saltar un distribuidor y reventando
la red.

Lo del ‘Sandy’ es distinto. Tiene una envergadura que nos obliga a
reflexionar sobre la madrastra naturaleza. Si la capital del mundo,
la ciudad por excelencia, la metrópoli de todos los sueños y riquezas,
puede quedar patas arriba por una tormenta, es para echarse a temblar.

Esta vez no es que haya petado un fusible. Son millones de
norteamericanos sin electricidad, al menos 16 muertos, transportes
paralizados, decenas de miles de evacuados, las estaciones del Metro
inundadas, la bolsa de Wall Street con el agua a la altura de la
ingle, los túneles anegados, los vecinos resignados a seguir así por
los menos tres días y el presidente Obama, a una semana de las
elecciones, declarando el estado de gran desastre en Nueva York y New
Jersey.

Frente a tanta desgracia, lo único que se me ocurre es recomendar al
personal lo que promueve el estribillo del tango: “¡Qué suave
terciopelo la media luz de amor!”.

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Autor

Alfonso Rojo

Alfonso Rojo, director de Periodista Digital, abogado y periodista, trabajó como corresponsal de guerra durante más de tres décadas.

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