Pedro Calvo Hernando – Cero para todos


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Esto sí que nos lo podíamos haber evitado. A la insufrible crisis política, moral y de conciencia del estallido independentista catalán, me refiero. En primer lugar fue el partido de Rajoy el que lo desencadenó todo con aquella campaña anticatalana contra el Estatut que había salido del Parlament y con su recurso de inconstitucionalidad que nunca retiró y que desembocó en un cierto desguace de aquel texto legislativo. Aquello sembró en Cataluña una corriente de antiespañolismo que era la respuesta a la bárbara actitud del PP. El entonces gobernante Partido Socialista tampoco en eso supo estar a la altura de sus responsabilidades. Es decir, cero en conducta a todas las partes: PP, PSOE y nacionalistas catalanes. Maravilloso el cuadro. Una pena, una vergüenza, podría decirse. Muy difícil era evitar la crisis económica, más bien imposible, y muy difícil luchar contra ella, sobre todo con las armas erróneas y absurdas de los Gobiernos, y sobre todo injustísimas en el caso del Gobierno que lleva solo unos meses en el poder.

Pero no era ni mucho menos tan difícil evitarnos a todos los españoles, empezando por los catalanes, esta terrorífica crisis de identidad, de nación, de Estado, de Historia, de solidaridad, de conciencia. No sé si es que la crisis económica nos obnubila mucho, pero me parece que la reacción de los poderes, de los medios y de los resortes sociales no es ni la cuarta parte de lo que su gravedad merecía. Y todo, además, para que ahora Bruselas rechace, como no podía ser menos, la independencia de Cataluña dentro de la Unión Europea, como justamente titula alguna prensa. Me refiero a la información de que la vicepresidenta Reding y la Comisión Europea asumen las tesis del Gobierno español en una carta donde se asegura que Cataluña no puede independizarse unilateralmente y además seguir dentro de la UE. El artículo 4.2 del Tratado de la Unión lo hace totalmente imposible. Pero vamos, eso lo sabíamos todos y lo sabían Artur Mas y sus gentes de forma muy especial. Y no digamos Duran i Lleida, que nunca fue independentista ni en sueños.

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