Fernando Jáuregui – Más y más y más promesas


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Las épocas preelectorales lo son siempre de promesas fáciles y llamativas. El electorado, sabiamente acostumbrado a que una cosa es el capital comprometido y otra muy distinta el desembolsado, tiende a desconfiar y, ya digo que sabio como es, en lugar de enfurecerse se ríe: cosas de los políticos, que prometen y no cumplen, dicen, decimos, encogiéndonos de hombros. Le ocurrió a Zapatero, que tuvo que dar la vuelta como un calcetín a su programa electoral, una vez confrontado con la realidad europea, y no digamos ya a Mariano Rajoy. Y antes que a ellos, les ocurrió a otros (imposible olvidar aquella famosa promesa de los 800.000 puestos de trabajo en la era Solchaga, ¿recuerda usted?). Pero nadie, eso sí, como Artur Mas, lanzado a la vorágine de la oferta trilera en la futura Arcadia feliz, es decir, en la Catalunya libre: serán la cuarta potencia europea, el cáncer se curará más, bajarán los impuestos… Y un largo etcétera. Palabra que no me invento nada: todo esto se ha afirmado y asegurado.

De acuerdo: en campaña (y en España, Cataluña incluida) hay que ser más benévolo con lo que se dice en los mítines. No tanto con lo que se plasma en los programas electorales, y casi todo lo que antecede está en el programa de CiU. Creo que los fraudes al elector son seguros, me temo. Cuando no se pueden pagar ni la sanidad ni a los profesores, cuando se ha atornillado al máximo el bolsillo del hombre y de la mujer -catalán y catalana- que transitan por la calle, cuando se mantienen tres televisiones públicas en alguna de las cuales se dicen cosas aberrantes, cuando las «embajadas» en el exterior, algunas bien pintorescas por cierto, se mantienen en pie contra toda lógica presupuestaria, ¿cree usted, de verdad, que se bajarán los impuestos? Cuando desde la UE llega la doctrina oficial, que dice que una Cataluña «libre» no podría entrar en el club europeo del euro, ¿a qué arriesgarse a decir que Cat. será la cuarta potencia europea, nada menos? Si se restringen hasta las camas hospitalarias, ¿podemos tragarnos que mejorará tanto como dicen la lucha contra el cáncer? Si los empresarios muestran su temor ante lo que pueda ocurrir con la puesta en práctica de la «doctrina Mas», ¿se puede sostener impávidamente que la economía catalana va a ser más boyante una vez que la Comunidad vuele sola? Etcétera.

Soy un defensor de las campañas electorales y del electoralismo; sin ellos aún estaríamos en la era del derecho de pernada. Y, desde luego, soy un amante de Cataluña, aunque no tenga lazos ni antecedentes familiares en esta Comunidad. Y no me gustan las campañas de amenazas que detecto en algunos cenáculos y mentideros de los madriles. Pero no voy a renunciar a gritar lo evidente. Aquí, lo peor de todo es que te acusan de anticatalanismo, de jacobinismo y de nacional nacionalismo en cuanto abres la boca para decir las verdades del barquero. Y no es el momento de callar ante tanta desvergüenza política. Y que, además, es tan evidente.

fjauregui@diariocritico.com

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