Antonio Casado – Lo que tenía que pasar.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

A cada rato estamos conociendo una nueva irregularidad en torno a la desdichada noche de Halloween en el Madrid Arena. Cientos de fallos privados causados por cientos de fallos públicos. Hasta que pasa lo que tiene que pasar cuando el gobernante, el gestor de lo público, no hace bien sus deberes. Cuando ya no hay remedio, cuando sólo queda lamentar las cuatro muertes y entregarse al incierto expediente de exigir responsabilidades, nos topamos con el lamentable espectáculo de que las partes concernidas se pasan unas a otras la patata caliente.

Un insulto más a la inteligencia de los ciudadanos. Especialmente grave cuando procede del gobernante. Municipal en este caso. Ahora sabemos que el propio Ayuntamiento de Madrid recibió hace más de dos años un informe de sus técnicos que advertía de graves fallos de seguridad para los eventuales usuarios del pabellón Madrid Arena. Entre otros, la insuficiencia de pasillos de salida de la pista central o la inaccesibilidad de los camiones de bomberos.

¿De qué sirvió aquel informe? De nada ¿Qué medidas se tomaron? Ninguna. El pabellón siguió funcionando como si tal cosa. De modo que no hablemos solo de las responsabilidades exigibles a la empresa organizadora de la desdichada fiesta. Hablemos también de responsabilidades políticas, cuya fijación no puede estar inspirada en ningún caso por la cansina lucha entre partidos. Lo ocurrido tiene que ver con la condición humana, no con el PP ni con el PSOE, según hemos aprendido por la experiencia de otras tragedias con alcaldes de distinto signo político.

Solo han hecho bien su trabajo los funcionarios públicos. Fueron técnicos municipales los que en su día advirtieron de los riesgos de organizar este tipo de eventos en un local con tantos fallos de seguridad. Y son policías nacionales quienes en su día pusieron a disposición del gobernante sobrados testimonios documentales sobre los singulares habitantes de la noche madrileña. Se ve que son poco amigos de la ley quienes se dedican a organizar este tipo de eventos.

Enésimo y clamoroso ejemplo de desidia política con resultado de muerte. Por eso sería muy sano que en esta ocasión la ira privada impidiese la desidia pública al depurar las responsabilidades. Empezando por la indagación en las relaciones amistosas entre el vicealcalde Villanueva, que es un servidor público, y el tal Flores, que busca entre dos luces el máximo beneficio al mínimo coste, aunque sea sin pagar a la Seguridad Social y tratando a los jóvenes como si fueran ganado.

La memoria de Katia, Belén, Cristina y Rocío nos obliga a no bajar la guardia. No permitamos que el paso del tiempo acabe diluyendo la tragedia en uno de esos largos y penosos procesos indagatorios que generan desmemoria en los gobernantes y desinterés en los medios de comunicación.

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