Censura, un virus peligroso. Todos somos Vaxevanis.


A medida que vamos penetrando más en los entresijos de los pisos altos del edificio social y vemos a los crupieres del poder manejar el juego del gran casino de la democracia, la resultante es más que previsible, a la vez que patética y desoladora. Las termitas de la ambición han infestado nuestras instituciones y o se fumiga a fondo y se reparan los huecos carcomidos o acabará todo en un montón de polvo. Lo hemos dicho muchas veces y lo hemos escrito.

Nuestra mayor crisis no es económica y financiera, que también, y grande, gracias a los banqueros voraces que como premio se están retirando con jubilaciones indecentes y ofensivas que suponen una burla a los ciudadanos estafados. Y gracias también a nuestros políticos que sesteaban y miraban para otro lado mientras los órganos de control se oxidaban por falta de uso. Y dejemos ya de repetir como loros la manida y desafortunada frase que nos han hecho interiorizar: que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. ¿Porque hemos comprado las viviendas sobrevaloradas, edificadas en terrenos previamente calificados y recalificados por los políticos de turno que se lucraron con ese tres por ciento popularizado por Maragall en un ataque de ira, aparte de otras componendas? ¡Cómo es posible que a poco que se escarbe aparezcan Cariocas, Campeones, Palmarenas, Malayas, Gurtels, Mercasevillas, Pokemons y así usque ad infinitum! Esos sí vivían y siguen viviendo por encima de sus posibilidades y ajenos a todo principio moral.

Pero no quería hablar de aquí, sino de Grecia. El país del Partenón y de Pericles, de los contenedores ardiendo y de los niños abandonados por sus padres porque no tienen leche para ellos y de ¡los suicidios! ante la falta de expectativas, aparte de enfrentarse a un nuevo rescate, padece una gravísima enfermedad moral. Su crisis de valores es el auténtico Coloso de Rodas de los griegos. La última consecuencia de su crack moral es la crisis de libertad, cuyo exponente más visible es la censura de prensa, hecho que se sustancia estos días en la persona de Kostas Vaxevanis, editor de la revista quincenal Hot Doc. El periodista de investigación, que sacó a la luz varios casos de corrupción, fue detenido por publicar la ya conocida desde el 2010 “lista Lagarde”; nada menos que los nombres de más de 2000 evasores fiscales que tienen sus cuentas en el HSBC suizo.

Sí, los trabajadores se han ido al paro y sufren las consecuencias de los recortes impuestos por la Troika, y las grandes fortunas han puesto su dinero a buen recaudo en Suiza y sin tributar. Fue por ello que la entonces ministra de Economía de Francia y hoy presidenta del FMI, Christine Lagarde, había remitido a su homónimo griego la lista para presionarle a combatir el fraude fiscal. En el documento aparecen importantes cargos públicos, políticos y empresarios. ¿Para cuándo la depuración? Quizá nunca. Es más fácil matar al mensajero y acusarle de violar datos confidenciales que hincar el diente al tejido de todopoderosos intocables más allá del bien y el mal. Es corriente que esto ocurra en las monarquías absolutistas y en regímenes totalitarios, donde los periodistas que osan denunciar la injusticia —como en los países árabes o en México con el asunto de los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez— suelen aparecer muertos en algún callejón, cuando no en la cárcel.

En Grecia, el caso Vaxevanis no es el único, aunque sí el más grave, pues se enfrentaba a la mala broma de dos años de cárcel. Por fortuna —y en esto algo habrá tenido que ver la presión de las asociaciones de prensa— fue absuelto. Pero la censura griega tiene otros damnificados. Se ha cargado un bloque del programa de las mañanas de la televisión pública y a dos de sus presentadores por hacerse eco de una información publicada en el diario británico The Guardian alusiva a los excesos policiales en la manifestación antifascista de septiembre.

Todo esto es muy preocupante y debe alertar a informadores y a informados. Lo que pasa en Grecia puede ocurrir en España y en otros países aparentemente democráticos, sobre todo ahora que somos tan sensibles al efecto contagio. Sobre todo ahora, que se han traspasado los límites de la decencia. Sobre todo ahora que nos han hecho más pobres y hay más que denunciar. Por cierto, también hay lista de evasores españoles, ¡y en las alturas! Por eso es ahora el momento de gritar: ¡Todos somos Vaxevanis!

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
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(02/11/2012)
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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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