Fernando Jáuregui – No te va a gustar – La hora del Príncipe.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

Dice Pujol (Oriol) que una negociación (sobre un Estado catalán) con el Príncipe sería más fácil que hacerlo con el Rey, «que ya ha tomado partido por una cosa muy concreta». Sospecho, en primer lugar, que Don Felipe no habrá tomado partido por algo diferente a la unidad territorial, defendida, faltaría más, por Don Juan Carlos. E igualmente pienso que no es Oriol Pujol quien debe determinar dónde debe radicar el diálogo sobre el modelo territorial de España, ni un mitin durante una campaña electoral tan vehemente como la que padecemos es el marco para hablar de cuestiones que, por naturaleza y por las decisiones equivocadas que algunos toman, se han convertido en muy delicadas.

Otra cosa es que estoy convencido de que el futuro Felipe VI tendrá que arrostrar tiempos difíciles, negociaciones complicadas y pactos que a nadie dejan del todo contento, lo que equivale a que tampoco del todo descontento. Felipe VI no podrá reinar como Juan Carlos I, porque hay muchas cosas que ya nunca volverán a ser lo que fueron: desde el modelo territorial -aunque la unidad del Estado es innegociable- hasta el modelo económico, pasando por el actual modelo partidario y mediático. Y por muchas otras reformas, fundamentalmente las legales, empezando por la Constitución.

El Rey ha sido y es un referente, que mantiene su prestigio ante una mayoría de españoles, con cuantas críticas pueda juzgar cada cual que puedan dirigirse a algunos pasajes de su gestión y de sus actividades. Hubo quien opinó que debería acelerarse el traspaso de muchos poderes al heredero de la Corona; es algo que se va haciendo gradual y prudentemente, por entender que la figura de Don Juan Carlos sigue siendo muy necesaria como imagen de España en el exterior y ante las propias comunidades autónomas.

Seguramente, hablar de abdicación pura y dura, como algunos han hecho, resulte excesivo e inconveniente. Pero creo que Don Felipe debe acentuar su presencia en actos y terrenos de todo tipo, dejarse ver más sin que pueda argumentarse, como hacen algunos de los que le son cercanos, que «esto no se ha hecho nunca» o, lo que viene a ser lo mismo, que «esto se ha hecho siempre de determinada manera». El Príncipe, que este martes protagonizará un acto en Cataluña, donde tantas demasías se están haciendo y diciendo, habrá de comprometerse más, darse baños de masas y, si alguien protesta por su presencia, ha de saber que los abucheos también van en el sueldo, sobre todo cuando son muchos más los aplausos.

Siempre he dicho que tengo enorme confianza en las cualidades humanas e intelectuales de Felipe de Borbón, sin duda el heredero de una Corona mejor preparado entre sus congéneres de Europa. Pero creo que los españoles tienen el derecho, y la necesidad, de conocer qué piensa exactamente el futuro Monarca sobre algunas cuestiones, de manera que no venga el oriopujol de turno a ejercer de intérprete manipulador de lo que, obviamente, desconoce. Hay silencios, que se mantienen por cautela, que pueden, a determinadas alturas de la marea, resultar inconvenientes.

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